lunes, agosto 22, 2005

Ceci n’ est pas un texte

Hablemos de obviedades: estás comenzando a leer éstas mismas líneas en este preciso instante. Agradezco tu intención, si llegaste a contemplar estas primeras líneas es que realmente tenés muy buena voluntad porque no sé qué decirte. Antes de escribir las anteriores… a ver… cuarenta y dos palabras, sentado en mi sillón tomando unos amargos pensaba qué decirte, y no se me ocurrió nada, como dije ya una vez: blanco más blanco igual negro, negro nada; en esa situación tomé el teclado y escribí.
Disculpáme tanta siceridad, si te estoy haciendo perder tiempo podés dejar de leer ahora mismo y volver a hacer eso tan importante que dejaste de lado al transitar estos nueve renglones. Sin embargo, seguramente ya pispeaste hacia abajo y observaste que el texto no termina acá, después de este punto y coma; tenés algo de razón, hay algo más. Ahora bien, lo que ves en este instante en que tecleo ins-ta-n-te, no tengo ni la más mínima idea de lo que puede llegar a significar. Como hablamos de obviedades puedo decir que son varias palabras juntas, pero sin que se me ocurra algo, dudo que tengan sentido alguno. De todos modos confiemos en la suerte y que el carro se heche a andar. Repito, si querés dejar ahora mismo de leer, tenés absoluta libertad. Te doy tres puntos para que lo pienses…

¿Seguís acá?, ¡que suerte!, aún no tengo mucho que decirte, pero hay algo que vino a mi mente mientras transitabas el renglón de arriba. ¿Conocés a Magritte? Si no lo conocés te lo presento:
René Magritte, pintor belga nacido en Lessines en 1898. Fiel soldadito del surrealismo, tenía la facilidad de mostrarnos objetos comunes dentro de contextos bastante pocos familiares. Ahora sí que me consagré, al principio de este texto no sabía qué decirte, y mirá como son las cosas, acabo de decirte algo. Vamos a ver cómo sigue esto. Vuelvo a Magritte, él muere en 1967 y nos dejá casi huérfanos de realismo mágico, luego vamos a tener algunos padres substitutos con quien contentarnos; no obstante, nos deja una buena obra que podés conseguir revolviendo y metiendo la nariz en este abismo casi infinito que es Internet.
Particularmente me interesa mostrarte ahora uno de sus cuadros, creo el más famoso, mirálo:



“La traición de las imágenes”. René Magritte, 1928-1929, Óleo sobre lienzo.

¿Lindo título, no?, claro, Magritte interpela al espectador negando la existencia de lo que te encontrás observando, y te advierte antes de que lo creas: “Esto no es una pipa”. Gracias René, ahora que sí que no vemos un pipa sino algo disfrazado de pipa: una representación, no la pipa. ¿Se entiende?, si no, no importa, total no tengo idea sobre lo que minimamente intenté decirte. Ni siquiera estoy seguro de que hayas llegado a leer estás últimas líneas, es muy probable que hayas partido al final del primer párrafo (Ay, Ergo, ¡deberías haber sabido que esos tres puntos eran mucha ventaja!). En fin amigo lector, avisáme si te fuiste y si pensás que esto es un texto, mientras tanto pongo un punto final y espero.

¿Pensás que esto es un texto?, no seas remolón y respondé la siguiente encuesta haciendo clic aquí.

domingo, agosto 07, 2005

Ergo vs Alter-Ego, la definición. El final.

El episodio anterior culminó en un patético empate. Ergo y su Alter-Ego se batieron en dos rounds y empataron en cada uno. Hoy asistimos a la tercera parte y final de esta contienda, siga leyendo, zambúllase en el tercer round definitorio y conozca finalmente al ganador de este maravilloso duelo. Los dejo con los gladiadores.

Tercer Round: “Vertical sin pared”.

Nuevamente parados uno frente a otro en el centro del ring, nuestros gladiadores se disponían mentalmente a la más dura de todas las pruebas. Ergo levantaba sus cejas continuamente intentando cohibir a su contrincante. Su Alter-Ego movía la boca de un lado a otro con gran velocidad buscando el mismo fin.

La orden del árbitro llegó pronto. Al mismo tiempo, los gladiadores apoyaron sus manos en la lona levantando sus cuerpecitos, sosteniéndose únicamente con sus brazos: estamos ante la famosa “vertical sin pared”, que le dicen. Quien permanezca más tiempo en esta posición será el ganador y se retirará victorioso. Esta vez no habrá gong ni talán que los devuelva a sus rincones, es a todo o nada.
Los segundos fueron pasando y detrás de ellos lógicamente los minutos galoparon velozmente. Luego de casi media hora en esta situación, nuestros valientes gladiadores no aflojaban ni un músculo. Cerca de las tres horas de vertical sin interrupciones, el brazo derecho de Ergo comenzó a temblar frenéticamente, incontrolablemente, anunciando lo que parecía el fin de la contienda. Sin embargo, nuestro intrépido amigo supo controlar la situación comenzando a caminar con sus brazos a fin de mantener el equilibrio. Alter-Ego por su parte, con los ojos bien cerrados, clavado como una estaca en el medio del ring, permanecía inmóvil y muy concentrado. Las cabezas de ambos se tornaron rojas como toronjas.
No daba para más, con ya tres horas de round cumplidas, Ergo seguía caminando con su bracitos alrededor del ring, mientras el Alter-Ego no movía ni un pelo. La gravedad finalmente resolvió la situación. Repentinamente los codos del Alter-Ego fueron atraídos bruscamente hacia la lona y el ya cansado gladiador comenzó a derrumbarse. A pesar de sus desesperados intentos por controlar el equilibrio, sus piernas se abalanzaron por sobre su espalda. Ergo, que justo cumplía la vuelta número ciento cincuenta y tres, pronto tuvo sobre su cuerpo las piernas descontroladas de su contrincante. Inevitablemente, ambos cayeron sobre la lona en notable sincronía. Realmente es increíble amigos, pero una vez más debo decirles que todo terminó en otro problemático empate.

Con nuestros fatigados gladiadores desparramados sobre la lona sin entender lo ocurrido, las autoridades presentes de la ACCI deliberaban abrazados unos a otros, cual jugadores de fútbol americano, la manera más justa de finiquitar la contienda. Esto era inaudito, nadie jamás había empatado en los tres rounds.
Pasados los cuatro whiskys, dos medidas de vodka ruso, seis salchichitas de copetín y los dos helados de frambuesa y crema americana, las únicas dos autoridades presentes de la ACCI decidieron finalmente la mejor forma de acabar con el asunto.
El árbitro, juntó nuevamente a los protagonistas en el centro del ring y dijo:

Árbitro: Señores, la siguiente prueba definirá ya mismo quien será el ganador de esta contienda, y decidirá al portador de la llave maestra del rancho. Haremos lo siguiente, cada uno deberá interpretar al otro, es decir, comenzando por usted Alter-Ego, deberá ahora mismo ser Ergo por el lapso de tres minutos, luego su contrincante hará lo mismo y evaluaremos cuál será la interpretación más fiel.
Con estas últimas palabras, el rostro del Alter-Ego se desfiguró notablemente. Un silencio total inundó el lugar.

Alter-Ego: De ninguna manera, no puedo, es imposible. Si bien en definitiva este individuo es nada más que un reflejo mío, un clon imperfecto, jamás podré ser como él. Somos exactamente idénticos en casi todos los aspectos, sin embargo ser Ergo, aunque sea por escasos tres minutos, implicaría dejar de ser yo. Implicaría adquirir nuevamente ese costado mío que hoy Ergo representa, para ser uno solo nuevamente. En última instancia, dejar de ser un Alter-Ego.
Hasta acá llego amigos. Ergo, seguirás siendo lo que eras o lo que debas ser a partir de este momento. Yo estaré como siempre en las bambalinas de este rancho virtual complicándote o mejorándote la existencia. He dicho… una toalla por favor…

Luego de semejantes declaraciones, ante las miradas perdidas y las bocas bien abiertas de Ergo, el árbitro, los representantes de la ACCI, y el público que se dignó a concurrir; el Alter-Ego tiró la toalla y abandonó el ring.

Si más amigos, llegamos finalmente al fin de esta historia. Ergo y su Alter-Ego volverán a sus respectivas labores, y este rancho virtual quedará bajo el calor de sus manos originales. Aquellas manos que lo supieron construir, serán en definitiva, las mismas que lo sabrán destruir.
Gracias por la paciencia y espero verlos pronto cuando el amigo Ergo me convoque nuevamente en su ayuda a fin de relatar otro episodio que ocurra. No olviden dejar sus comentarios debajo de estos últimos renglones, o directamente en el buzón especialmente dispuesto para la ocasión ergodigital@hotmail.com

Los saluda, el Narrador Contratado.

lunes, agosto 01, 2005

Ergo vs Alter-Ego, la definición

En el capítulo anterior, Ergo decide en una actitud desesperada que la mejor forma de deshacerse de la intromisión de su Alter-Ego en este rancho virtual, es batirse a duelo.
He aquí la primer parte de la contienda de dos polos opuestos que decidirá quién llevará las riendas de aquí en más. Acomódese, aflójese el apretado cinturón, quítese los incómodos zapatos y disfrute. La primera parte del show va a comenzar.


En directo desde Buenos Aires para todo el mundo y en diferido para el asteroide B 612. Gentil y eficazmente organizado por la prestigiosa ACCI (Asociación de Contiendas para Cosas Importantes). Señora, señor, es un honor para mí, como Narrador Contratado, darles la bienvenida y presentarles este tragicómico duelo: ¡Ergo vs. Alter-Ego!

Haga lo que quiera, soborne al gorila disfrazado de tipo amable de la puerta, fíltrese por el sistema de cloacas, hágase pasar por personal de limpieza, personal trainer, Personal con factura fija o tarjeta más cien mensajes de textos gratis; pero pase y vea. En el brevísimo instante de tres renglones debajo, la contienda dará inicio. Y vaya uno a saber con que suerte correrán nuestros valientes gladiadores ante tan durísimas pruebas impuestas por el ente organizador.

¿Ve bien desde ahí?, ¿no?, haga correr a la persona de la butaca de adelante o córrase usted y no moleste. Los gladiadores ya están en las esquinas opuestas del ring aguardando expectantes, concentrados en la victoria, sacándose chispas incandescentes con la mirada, estirando y calentando cada músculo, vértebra y ligamento para no dar ventaja al oponente. Porque esto es un guerra, es casi una guerra amigos... y todo, pero todo, vale.
¡Repique de tambores!… ¡con vaya a saber cuantos quilos de peso, ninguna pelea ganada, ni perdida, ni empatada!... con ninguna pelea en su haber, definitivamente debutando sobre el cuadrilátero; portando unos pantaloncitos color café salpicado de lunares blancos de amplio diámetro, y luciendo una vinchita blanca antiflecos, antitranspiración, anticonceptiva, antibacterial y antiestamínica. ¡En este rincón!, el gran retador de esta noche, defendiendo la llave maestra del rancho que hoy habita… señoras, señores, amigos, amigas, nuestro camarada: ¡Ergo, bandada de pájaros, Kiiiiiiing! “APLAUSO”.
¡En el otro rincón!... rondando los setenta y tantos quilos, con alguna que otra pelea ganada dudosamente, ninguna empatada e incontables perdidas, arropado con un viejo joggin negro de elástico roto y vencido, calzado con siniestras pantuflas bordó brilloso… el desafiante… señorasseñoresamigosamigas: ¡Alter, peluca atormentadora, Ego! “APLAUSO”.

Arbitro: Gladiadores duelistas, duelistas gladiadores, glalistas duediadores, como sea, por favor al centro del ring. Ustedes saben, ante el escaso personal de maestranza, quiero una pelea limpia y sin líquidos corporales. Apelo a vuestra buena educación para hacer de este evento un duelo digno de caballeros.
Choque de puños, codos, caderas y muñecas, y el inicio del duelo quedó sellado. A partir de la entrada de la muchacha con respectivo cartel indicador, que a pesar de que extrañamente tiene los ojos de papel es lo que menos le miran, seguido del típico campanazo, estaríamos listos para el… ¿y la campana?... ¡Talán talán!, ahora sí…

Primer Round: “Pulseada China”.

Enfurecidos como animales salvajes enfurecidos, Ergo y su Alter-Ego se dirigieron a gran velocidad hacia el centro del ring donde una mesita ratona y dos almohadones especialmente dispuestos para la ocasión aguardaban. Tomaron sus manos dejando sus poderosos pulgares hacia arriba y se miraron intensamente. A la orden de tres, como si se hubiesen despertado de un terrible hechizo petrificador de dedos que los mantenía sin vida propia, ambos dedos mayores se entrelazaron a gran velocidad, en una danza macabra, buscando el punto débil del otro.
La pelea fue realmente pareja durante el primer minuto. Sin embargo, cumplidos los casi tres minutos reglamentarios, el pulgar de Ergo logró ventaja luego de un necesario dislocamiento de la primer falange, que engañó a un atónito Alter-Ego que bajaba la guardia por unos segundos. Así Ergo pudo aprisionar a su contrincante, que vaya a saber gracias a que Dios, huyó de esa cárcel de piel, mugre y uña justo a tiempo, llegando al segundo número nueve. Finalmente el campanazo cerró el primer combate en un mísero empate.

Ambos volvieron a sus refugios. Ergo se mordía los labios de la bronca, el primer round casi había sido suyo, lo que le hubiese dado una ventaja muy favorable. El que pega primero, pega más fuerte, dijo alguien alguna vez y muchos le hicieron caso.
Por su parte, su Alter-Ego, mientras se vaciaba una botella de agua sobre la transpirada cabellera y fantaseaba con ser modelo de una publicidad de queso rayado, pensaba la mejor estrategia para el segundo encontronazo.

Segundo Round: “Carrera de caracoles terrestres”.

Cada uno eligió de unas cajitas especialmente dispuestas un hambriento molusco terrestre colocándolos luego sobre la línea de partida de dos canaletas que cruzaban el ring. A cada caracol le esperaba en la meta un sabroso potus, scindapsus o escindapso traído desde las lejanías de Banfield. El árbitro bajó la bandera a cuadros y ambos gladiadores dejaron libres a sus animalitos que en forma desesperada, aunque len-ta-men-te, comenzaron a correr hacia la línea final.
Mientras nuestros duelistas aturdían con gritos de aliento, cumplida ya la mitad del recorrido, el caracol del Alter-Ego descubrió al mirar a su costado, que la vida no sólo era correr por una hoja de potus, scindapsus o escindapso. Sino que allí mismo estaba la hembra que siempre veía en sus sueños. Allí correteaba lentamente la que sería madre de sus hijos, aquella hembra soñada con la que compartiría el pan hasta que la muerte los separe. Debido a que el cupido de los caracoles se hizo presente, el caracol de Ergo pronto sintió lo mismo. Sin más, ambas criaturas clavaron bruscamente los frenos y se miraron mutuamente, gustándose el uno al otro con cada mirada. Envueltos en un suspiro que sólo ellos entienden, nació el amor.
Ante el desconcierto instalado en nuestros gladiadores, la carrera fue interrumpida. Enredados en un torbellino de pasión, los enamorados moluscos no podían continuar corriendo y debieron ser retirados del ring por el personal de maestranza. Nuevamente, amigos, estábamos ante otro empate.

Disimulando la debilidad emocional producida por semejante historia de amor, Ergo y su Alter-Ego se ubicaron rápidamente en sus rincones a la espera del próximo y último round. Será el fin de esta historia, señores. Se decidirá, luego de dos mediocres empates, quién tiene el derecho de habitar este humilde, pero sentido, rancho virtual.

Hasta aquí, amigos, llega esta primera entrega de la contienda. Estaré citándolos nuevamente en 7 días para compartir el final de esta historia. ¿Quién ganará?, es difícil saberlo.
Me despido, por ahora, aclarando que si usted vive lejos, está invitado a alojarse en las inmediaciones. Contámos con exclusivos bungalows instalados sobre el barro con vista a un hermoso sauce llorón. Si prefiere la opción económica, podrá acomodarse sin problemas en la butaca.
No olvide dejar su autógrafo comentando al final de esta publicación o a ergodigital@hotmail.com


El Narrador Contratado.

lunes, junio 20, 2005

De cómo Ergo decide de una vez por todas deshacerse de la contaminación en su discurso.

Escucha amigo, es claro que en este rancho no cabemos los dos… resolvamos esto de una buena vez”. La voz de Ergo pintó en el aire estas palabras con tonos oscuros y hostiles.
Sin más preludio, nuestro amigo se dirigía a su Alter Ego quien cancheramente parado sobre el zaguán, intentaba inmiscuir nuevamente sus pies terrenales en el rancho. La tormenta se estaba gestando, era el principio del vendaval. Luchando por vencer una a la otra, sus miradas se enfrentaron por varios minutos hasta que finalmente el Alter Ego propuso:
AE: Tiremos una moneda… si gano, me dejás pasar y prometo permitirte escribir alguna que otra reflexión cada veintinueve de febrero…
A pesar de la bronca que le hacía doler las sienes, Ergo se detuvo a pensar un instante. La llave del rancho estaba en juego, de alguna manera u otra, este individuo siempre estaba en las bambalinas acotando escasas genialidades, y no podía permitir que siga saliendo a la luz a pavonear sus alegrías y pesares. Así envuelto en su pensamiento, vio pronto como comenzaban a rodar sobre su cabeza vagos recuerdos sobre la última vez que ganó una contienda de este estilo. Una suerte de caos, en el que miles de imágenes de monedas golpeteaban los bordes de su cerebro, se adueñó rápidamente de sus neuronas. Lógicamente su mente no tardó en caer en el abismo del blanco total, pero en un relámpago milagroso, atinó a decir…
E: No, no quiero nada librado al azar. Se me ocurre algo mejor: qué te parece si resolvemos esto en una contienda de…
Detuvo abruptamente su propuesta al percatarse que hablaba solo. Mientras pensaba la respuesta anterior, el tiempo había corrido galopando rabiosamente y su Alter Ego, harto de esperar, se encontraba ahora dentro del rancho cómodamente sentado sobre el sillón favorito de Ergo (estratégicamente relleno de mijo y arroz integral), tomando una humeante taza de té verde y degustando la última masita seca, de las treinta y dos que con tanto amor había estado amasando la noche anterior, para esa mujer que nunca llegaría…
Luego de un portazo que hizo temblar las paredes, Ergo entró al rancho y lo enfrentó con los ojos desorbitados:
E: ¡Estás loco!, ¿nunca te enseñaron modales?…
AE: (hablando con la boca repleta) mmm, están muy buenas, deberías dedicarte de lleno al arte culinario… ¿tiramos la moneda?
E: ¡Jamás! (apuntando con el índice al cielo, o al techo para ser más específicos), no voy a rifar el rancho de esa manera, si es necesario lo defenderé con uñas, dientes, sangre, sudor, lágrimas, mucosidad, y todas las excreciones que se te puedan ocurrir.
AE: (paciente y con una ligera expresión de asco en su rostro) ¿Entonces?
E: (algo más calmado) Se me ocurrió algo: vamos a resolver esto de manera justa en una contienda dispuesta especialmente para la ocasión. Solo vos y yo en un duelo a cargo de la ACCI (Asociación de Contiendas para Cosas Importantes)… ¿te animás?, (con rabia) pedazo de clon imperfecto.
AE: (entrecerrando los ojos en una expresión realmente macabra) ¿clon imperfecto?, vas a morir expresión catártica de cuarta… (Hojeando su agenda) ¿Cuándo y donde?

En estos términos, el desafío quedó planteado, Ergo no tuvo más que realizar una llamada a la ACCI y todo pronto estuvo eficientemente dispuesto, en unos días nuestro amigo y su Alter Ego se debatirían a duelo la llave maestra del rancho.

¿Notaron mi presencia?...ah, ¿no?, pensé que era evidente que lo anterior no había sido escrito por Ergo... en fin, me presento por enésima vez, soy El Narrador Contratado, un tipo con suerte encargado de relatar, entre otras aventuras, la prestigiosa odisea de Ergo e Ismael Salusi intitulada “Ergo vs. Salusi, la trilogía más uno"
En nuestra próxima emisión, la terrible contienda dará inicio. Allí estará este humilde servidor junto a ustedes describiendo cada detalle, por más mínimo que sea, a fin de que no se pierdan nada de nada, pero nada nadita nadaza.

¿Volará sangre a borbotones salpicando a los paquetones de primera fila?, ¿Regalarán globos con las caras de los combatientes entre el público?, ¿Se morderán las orejas?, ¿Será el fin de Ergo-Digital como rancho perdido en la nebulosa red de redes?, ¡¿Quién ganará?!... no se carcoman las uñas de los pies, en unos días recibirán la entrada al evento en el próximo e-mail intitulado “Gente linda y soñadora"

¿Querés tu entrada al evento?... ¿en serio?, bueno, sólo tenés que subscribirte al “Club de Ergolitos” escribiendo a ergodigital@hotmail.com y quedarás cordialmente invitado a ésta y todas las publicaciones de este humilde rancho virtual, que por ahora, posee el cartel colgado en la entrada de: Ergo-Digital. Hasta pronto amigos.

Enfrentados por la vida, pedí tu entrada al evento especificando ubicación deseada


Adivine cuál es cuál

lunes, marzo 28, 2005

De cómo Ergo enjaula recuerdos en una semana non santa

Este pasado fin de semana realmente extenso, donde se supone que (dejando de lado las connotaciones religiosas que verdaderamente no me interesan) la algarabía debe tornarse generalizada debido a los varios días de ocio; activó los oxidados engranajes de mi memoria y me pregunté: ¿cuál fue el mejor fin de semana de mi corta vida?, y ¿podrá éste fin de semana superarlo?
Bien, la segunda pregunta tiene una respuesta claramente obvia: no. Si bien es cierto que la memoria ciertas veces tiene más imaginación que el resto de las cualidades cerebrales, lejos de tergiversar lo acontecido en el pasado, hoy por hoy el mejor fin de semana de mi corta vida es netamente insuperable.
Habría que descomponer todos sus elementos y volcarlos en una suerte de caldero mágico y de esta manera lograríamos que todos nuestros fines de semana (cortos o largos, nublados o soleados) sean los mejores de nuestras vidas. Claro que hacer esto sería como hacer una especie de fundamentalismo del buen gusto: quién soy yo para decirte cómo debe ser el mejor fin de semana de tu vida. Lejos entonces de eso, tiro algunos componentes esenciales basados en mi humilde experiencia, a modo de propuesta: amor (indispensable como el aire), lo que conlleva a tener un perdurable muy buen humor, y una feliz anteojera que nos predispone amablemente a todo lo que el azar se reserve para nosotros. Si hablo de este componente ya hablamos de al menos dos personas (no olviden que tres, la mayoría de las ocasiones, son multitud).
El siguiente, música: propia, o bien, mediada por algún aparatejo de audio con buena fidelidad (esto es a elección, cabe aclarar que la propia implica generalmente más gente [léase público], y en ese caso, lo recomendable es utilizar ambos días del fin de semana para que nada se reduzca a un solo día.).
A todo esto podemos agregarle una pequeña dosis de alcohol, sólo lo suficiente a modo de combustible y a modo de relax para una buena digestión. Claro, no olviden el fantástico e imperdible momento de una buena cena con un toque de pompa para la velada.
En fin, seguro habrá miles de componentes más que usted amigo/a lector/a, tendrá en mente en este momento. ¿Cuáles son?, sería un honor para mí que los compartieras dejando tu atinado comentario al pie de este texto, o bien escribiendo a ergodigital@hotmail.com

Ops, olvidaba una pequeña nota: la propuesta de dichos componentes no asegura un cien por ciento de felicidad, ni un recuerdo grato de resguardar en los misterios de la mente. A no olvidar que todo depende de infinitos factores que ahora no vale la pena enumerar.

Ahora sí, me voy con la sensación alegre de haber materializado un lindo recuerdo en esta jaula maravillosa que es la letra, a fin de no soltarlo nunca más.

¡Salud!

martes, febrero 15, 2005

Ergo Jones en busca de las ideas perdidas

Blanco más blanco, igual, Negro. Claro, todo negro. Negro nada. Mis ojos frente a la hoja en blanco, más la mente en blanco, igual negro. Negro nada.
Quien sabe cuando ni donde, la cuestión es que alguien me dijo en ese cuando y donde indeterminado: “Ergo, si todo lo que se te ocurre es nada, no existe algo mejor que una exploración mental en busca de la idea…” Hombros arriba, gestito de indiferencia, si no queda otra, ahí vamos.
Linterna en mano, casquito por las dudas y adentro. El cono de luz divisa cosas que ni siquiera sabía que estaban allí, jamás hubiese pensado que la entrada a mi mente iba a tener un cartel de “bienvenidos”. Lógicamente el interior es raro, como todo lo desconocido, me dije a mi mismo como primera reflexión. Traspaso el portal de bienvenida y lo primero que observo es a mi ego acodado tristemente sobre una suerte de mostrador de recepción. Sin embargo, ni bien advierte mi presencia, algo se ilumina en él y la figura evoluciona favorablemente hacia una postura elegante que sonríe mirándome a los ojos. Sepa disculpar el señor, hemos tenido un desperfecto; le recomiendo que no pierda su linterna, la oscuridad es total. Pase usted, sea bienvenido a los confines mentales. Gracias, que amable, dije indiferente. La sonrisa tatuada en su cara se estiró aún más y permaneció inmóvil hasta que me perdí de vista.
La humilde luz que me precedía encontró un túnel que anunciaba: “Sabiduría Primaria”, pronto no tardé en desembocar en una sala repleta de conocimientos elementales (mi querido Watson), allí yacían al igual que cuadros colgados, mi nombre, cómo leer la hora en un reloj analógico, siempre tirar la cadena al finalizar el trámite, y un sin fin de etcéteras que ni vale la pena mencionar. Aburrido, di media vuelta sobre mi propio eje y frente a mí un túnel de boca ancha se hizo presente. “Miedos”, rezaba el rótulo. Obviamente ni atiné a dar un paso, completé la vuelta que había iniciado y, sorprendentemente junto al anterior, otro túnel quedó bajo mi cono de luz. “Sentimientos y Emociones (Sólo personal autorizado)”. Y sí, a pesar de la prohibición, me dispuse a empujar la puerta intuyendo que la misma estaría cerrada. Efectivamente la puerta no se movió milímetro alguno.
Continué mi camino hacia la izquierda ansioso de encontrar el túnel de las ideas. Sin ganas de perder tiempo (sobre todo sin ganas de hacerle perder tiempo a usted, estimado lector), pasé de largo, sin entrar, los siguientes túneles: “Fantasías de todo tipo”, “Secretos”, “Depósito de Recuerdos Humillantes” y cinco o seis túneles más, los cuales pasé a la carrera y no alcancé a leer sus respectivos rótulos. Finalmente, un complot de baldosas flojas (aliada fiel de la velocidad), logró derribarme y caí en el túnel de las ideas cuya entrada, a diferencia de las demás que había visto, se encontraba sobre el suelo. El vuelo fue corto y no tardé en ponerme de pie al aterrizar en aquella anhelada sala. Sin embargo, la mala suerte, que no da tregua, y olvidar el colocarle un casquito, hizo que mi humilde linternita crepase con la caída oscureciendo todo. Instintivamente giré una vez más sobre mi propio eje en busca de algún indicio de luz y antes de completar la vuelta, divisé un cartel que brillaba a lo lejos. Corrí hacia él repleto de esperanza. Pero pronto la esperanza se hizo añicos al descubrir que aquel cartel no era más que la salida.
Inmediatamente me vi nuevamente aquí sentado, frente a la hoja blanca, y blanco, más blanco, siguió dando igual a negro.



El intéprido Ergo Jones bajando a las profundidades de su mente.

Proximamente (coming soon), si los caprichosos planetas se alinean, daremos inicio a el "Top Eit", el ranking de los mejores 8 "Lea que lindo, señora". Vayan leyendo y pronto estarán votando al que les parezca el mejor texto breve de esta prestigiosa sección.

Cualquier sugerencia, comentario no tienen más que dejarlo al pie de esta publicación. También atiendo personalmente en ergodigital@hotmail.com

domingo, enero 02, 2005

Lea que lindo, señora. Nro. 8

Amigos, he aquí el primer “Lea que lindo, señora” del año. Esto es sólo un capricho del almanaque, pero suena interesante (esta es la parte donde dicen: ¡oooohhh!). En fin, en su emisión número 8, me complazco en presentar al amigo Gabriel Moreno. Dejá, el pasaje te lo invito yo…¡A ver si nos corremos un pasito pa´ el fondo!


Entre Flores y Palomar
Mi vida era un tren de nada hacia ninguna parte, pero el día en que ella subió y sacó boleto a la altura de Flores, el tren descarriló.
Mientras la gente se apelotonaba y mezclaba asquerosamente sus sudores, ella, en la miniatura de mi espejito, sacaba lentamente un mechón de pelo de sus ojos y lo escondía detrás de su oreja con la delicadeza de una ninfa. Impecable, así estaba, una gota de color sobre la densa masa gris de pasajeros.
Uno a uno se fueron bajando, y a la altura de Palomar, al fin, quedamos sólo ella y yo. Instintivamente reduje la velocidad del viaje, para darle tiempo a mi valor, mientras ella seguía perdida en el bizarro paisaje proyectado más allá de la ventanilla. Yo, cobarde, cobarde sin remedio, al volante de la bestia que siempre aborrecí, no me animé a detenerme y me conformé con la imagen chata del espejo.Al igual que un ángel, visión divina que no tardaría en esfumarse, se acercó hacia mí, y antes de bajar por la misma puerta por donde había subido, inmediatamente me regaló esa sonrisa que hoy sigo recordando. Ante el espectáculo, sin que atinase a emitir vocablo alguno, su dedo divino me señaló el maldito cartel, callándome para siempre: “Prohibido conversar con el conductor”.
Gabriel Moreno


Como digo siempre, si querés estar en la estantería de “Lea que lindo, señora”, sólo tenés que juntar ese texto breve que guardaste por ahí, desempolválo y enviálo a ergodigital@hotmail.com

Próximamente, podrás votar al que te parece el mejor de estos 8 "Lea que lindo, señora" que han pasado por este rancho. El afortunado que más votos reciba, será digno ganador de la medalla dorada y algo más que está por verse. Sé paciente, en breve recibirás noticias por e-mail.

¿No te llegan los e-mails chicharra “Gente linda y soñadora” que alertan sobre una nueva publicación en el rancho?, derrotá la timidez y mandá un e-mail a la dirección del párrafo anterior y subscribíte al Club de los Ergolitos.