Tercer Round: “Vertical sin pared”.
Nuevamente parados uno frente a otro en el centro del ring, nuestros gladiadores se disponían mentalmente a la más dura de todas las pruebas. Ergo levantaba sus cejas continuamente intentando cohibir a su contrincante. Su Alter-Ego movía la boca de un lado a otro con gran velocidad buscando el mismo fin.
La orden del árbitro llegó pronto. Al mismo tiempo, los gladiadores apoyaron sus manos en la lona levantando sus cuerpecitos, sosteniéndose únicamente con sus brazos: estamos ante la famosa “vertical sin pared”, que le dicen. Quien permanezca más tiempo en esta posición será el ganador y se retirará victorioso. Esta vez no habrá gong ni talán que los devuelva a sus rincones, es a todo o nada.Los segundos fueron pasando y detrás de ellos lógicamente los minutos galoparon velozmente. Luego de casi media hora en esta situación, nuestros valientes gladiadores no aflojaban ni un músculo. Cerca de las tres horas de vertical sin interrupciones, el brazo derecho de Ergo comenzó a temblar frenéticamente, incontrolablemente, anunciando lo que parecía el fin de la contienda. Sin embargo, nuestro intrépido amigo supo controlar la situación comenzando a caminar con sus brazos a fin de mantener el equilibrio. Alter-Ego por su parte, con los ojos bien cerrados, clavado como una estaca en el medio del ring, permanecía inmóvil y muy concentrado. Las cabezas de ambos se tornaron rojas como toronjas.
No daba para más, con ya tres horas de round cumplidas, Ergo seguía caminando con su bracitos alrededor del ring, mientras el Alter-Ego no movía ni un pelo. La gravedad finalmente resolvió la situación. Repentinamente los codos del Alter-Ego fueron atraídos bruscamente hacia la lona y el ya cansado gladiador comenzó a derrumbarse. A pesar de sus desesperados intentos por controlar el equilibrio, sus piernas se abalanzaron por sobre su espalda. Ergo, que justo cumplía la vuelta número ciento cincuenta y tres, pronto tuvo sobre su cuerpo las piernas descontroladas de su contrincante. Inevitablemente, ambos cayeron sobre la lona en notable sincronía. Realmente es increíble amigos, pero una vez más debo decirles que todo terminó en otro problemático empate.
Con nuestros fatigados gladiadores desparramados sobre la lona sin entender lo ocurrido, las autoridades presentes de la ACCI deliberaban abrazados unos a otros, cual jugadores de fútbol americano, la manera más justa de finiquitar la contienda. Esto era inaudito, nadie jamás había empatado en los tres rounds.
Pasados los cuatro whiskys, dos medidas de vodka ruso, seis salchichitas de copetín y los dos helados de frambuesa y crema americana, las únicas dos autoridades presentes de la ACCI decidieron finalmente la mejor forma de acabar con el asunto.
El árbitro, juntó nuevamente a los protagonistas en el centro del ring y dijo:
Árbitro: Señores, la siguiente prueba definirá ya mismo quien será el ganador de esta contienda, y decidirá al portador de la llave maestra del rancho. Haremos lo siguiente, cada uno deberá interpretar al otro, es decir, comenzando por usted Alter-Ego, deberá ahora mismo ser Ergo por el lapso de tres minutos, luego su contrincante hará lo mismo y evaluaremos cuál será la interpretación más fiel.
Con estas últimas palabras, el rostro del Alter-Ego se desfiguró notablemente. Un silencio total inundó el lugar.
Alter-Ego: De ninguna manera, no puedo, es imposible. Si bien en definitiva este individuo es nada más que un reflejo mío, un clon imperfecto, jamás podré ser como él. Somos exactamente idénticos en casi todos los aspectos, sin embargo ser Ergo, aunque sea por escasos tres minutos, implicaría dejar de ser yo. Implicaría adquirir nuevamente ese costado mío que hoy Ergo representa, para ser uno solo nuevamente. En última instancia, dejar de ser un Alter-Ego.
Hasta acá llego amigos. Ergo, seguirás siendo lo que eras o lo que debas ser a partir de este momento. Yo estaré como siempre en las bambalinas de este rancho virtual complicándote o mejorándote la existencia. He dicho… una toalla por favor…
Luego de semejantes declaraciones, ante las miradas perdidas y las bocas bien abiertas de Ergo, el árbitro, los representantes de la ACCI, y el público que se dignó a concurrir; el Alter-Ego tiró la toalla y abandonó el ring.
Si más amigos, llegamos finalmente al fin de esta historia. Ergo y su Alter-Ego volverán a sus respectivas labores, y este rancho virtual quedará bajo el calor de sus manos originales. Aquellas manos que lo supieron construir, serán en definitiva, las mismas que lo sabrán destruir.
Gracias por la paciencia y espero verlos pronto cuando el amigo Ergo me convoque nuevamente en su ayuda a fin de relatar otro episodio que ocurra. No olviden dejar sus comentarios debajo de estos últimos renglones, o directamente en el buzón especialmente dispuesto para la ocasión ergodigital@hotmail.com
Los saluda, el Narrador Contratado.


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