lunes, diciembre 13, 2004

Lea que lindo, señora. Nro 6

Amigos, nuevamente se abre el telón de la sección dedicada a los textos breves, pero no por eso menos emotivos, de los visitantes de este rancho. Hoy, mi amiga Lucy in the Sky, nos deja su epopeya vivída en una pensión de esta ciudad que nos devora sin masticar. Los dejo con los actores de este...

Teatro Mágico. No se permite la entrada a todo el mundo.

Si alguien leyó “El Lobo Estepario” de Herman Hesse, sabrá de lo que estoy hablando. Quiero aclarar de antemano que no lo terminé de leer, por lo tanto como en las películas, no quiero que nadie me diga como termina.
Los invito a formalmente a que se sitúen en un episodio que viví hace unos días, no importa la fecha exacta, lo que importa es con quien. Cocina de pensión porteña, mediodía, aguardando al costado de la hornalla que no se me pegue el arroz, estaba yo. Ella, Mary July, picando cebolla con la delicadeza con la que se le pueden cortar las uñas a un recién nacido, uniformada en sus sandalitas de casi 7 cm de alto, su pollerita de secretaria negra y su remerita roja escotada que invitaba a cualquier hombre a mirar un poco más. Yo, con mi pantalón de verdulería, mis pantuflas floreadas de abuela, la cara de recién me levanto y mi pelo de no me peiné y tampoco pienso hacerlo. Marina, en situación bastante similar a la mía, pero con el pelo húmedo. Comentario va, comentario viene sobre el libro entre ella y yo. La frase desencadenante fue: Qué repulsión y a la vez reconocimiento tengo en lo que el protagonista llama “vida de burgueses: vida llena de moralidad y salud, de levantarse temprano, de cumplimiento de obligaciones, de fiestas familiares moderadamente alegres, de ir a misa los domingos y de acostarse pronto”; yo agregaría nunca un vaso de alcohol de más, siempre 2 litros y medio de agua mineral Villavicencio por día recorriendo sus venas, 100% de oxígeno en los pulmones y jamás una notita en el cuaderno de comunicaciones donde la señorita dice “su hijo se dispersa en clase”. No terminé de parafrasear el libro que Mary July me mira cual buen cristiano mira a un hereje y a la vez sonriendo tímidamente y diciendo: “¡Ay! Yo soy así”. Estupefacta, así me quedé. Pero yo no quiero decir que está mal, hasta sé que conservo mucho de eso en mi cabeza y revoluciona la maraña de neuronas que me queda. Sólo quería comentar el libro con Marina. Apelé inmediatamente a mis recursos orales con el objetivo de argumentar mi postura. Puse en juego todas las habilidades gestuales habidas y por haber. Resultado: mi arroz pegado en la olla y Mary July contándome cómo fue que se salvó de quedar en estado vegetativo de por vida.


Aquí concluye entonces esta nueva emisión de "Lea que lindo, señora"; el rincón donde todos pueden entrar. Incluso vos, sí, vos que estás leyendo esto, podés colocar tus palabras en una botella y tirarlo al mar de la red. Aseguráte que llegue hasta las costas de ergodigital@hotmail.com y tenés tu lugar asegurado para que todos lean lo que escribiste.
Por último, ¿comentarios sobre lo que acabás de leer?, justo aquí debajo podés dejar tu opinión, o directamente hacia el autor escribiéndole un e-mail.