lunes, diciembre 06, 2004

Ausencia justificada y bienvenida a nuevos lectores

Estuve desaparecido, por si algún alma perspicaz lo notó al sentir la ausencia en su casilla de correo del clásico e-mail metiche: “Gente linda y soñadora”, esa suerte de chicharra que anuncia una nueva publicación en este rancho virtual intitulado Ergo-Digital; y por la que muchos habrán llegado hasta aquí, si el Cartero Contratado cumplió con su misión.
Haya ocurrido esto, o no, siento que debo una explicación a usted, amigo/a lector, y a su vez, a usted amigo/a que has cruzado por primera vez la puerta de este rancho, y no entendés muy bien qué es esto. Si es así, no seas tímido/a, pasá, vení, seguí leyendo, podés dejar tus cosas en el perchero.

Paso a contar, uno nunca termina de acostumbrarse a las malas rachas, esas fuertes ráfagas de mala suerte que te escupen arena en los ojos y te complican el andar.
Ocurre que esta vez, la mala racha, además de la arena, me aplicó una certera bofetada con su gran mano repleta de microchips y hardware defectuoso, noqueando a cualquier ser mortal que tenga algo de sangre humana en las mejillas. Así fue entonces como aterricé en la triste realidad y tuve que asistir imprevistamente al funeral de un gran compañero de ruta: mi disco rígido, el cual, siguiendo con las metáforas oscuras…quedó más rígido que nunca el pobre. “Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío… la la la la la, la la la la”, cantaba Alberto tan cortésmente.
¡Pero que rabia da, cuando el amigo se lleva consigo un número importante de archivos y artificios, que ciegamente había dejado en su fiel custodia bajo siete llaves de algoritmos! Ay, Ergo. ¿Por qué no te avivaste antes hermano?
Todo fue muy repentino. Ni bien me dispuse, luego de una hora de inactividad, a ingresar en la catapulta que me arrojase nuevamente en la red, algo había cambiado: todo estaba triste y sombrío, un viento helado soplaba. Ante mis ojos, mi máquina parecía agonizar jadeando un terrorífico… “El sistema no encuentra ningún dispositivo. Presione cualquier tecla para intentar nuevamente”… el rastro del guadañazo final.
Aquel amigo que me brindaba 8 gigas de cajones para guardar mis chucherías, se desangraba para irse pronto a los sueños eternos y la colinas del gris edén de silicio. Ninguna tecla sería capaz del milagro.
Intenté todo, resucitación con CD ROM, puntapiés con borcegos directos al CPU, gritos desaforados pataleando efusivamente, rociarla con alcohol y amenazarla con un fósforo, etc. Nada surtió efecto, el juego estaba empezado y me había tocado la peor mano.
Conté hasta diez, fui al baño (esto siempre me sucede cuando los nervios dominan mi cuerpo), y luego desemboqué en la conclusión de que me hacía falta un amigo nuevo, lejos estaba creer en el milagro de la tecnología y resucitarlo. Nada consolaba la tristeza de que mis pobres archivos nacidos en cautiverio, tan pichoncitos ellos, jamás pudieron ver la luz de una jaula más segura. Que mundo tan cruel. Por suerte hoy tengo un amigo nuevo… pero esta vez, estoy menos confiado y me compré varias jaulas digitales. Algo aprendí de todo esto. Ahora… hay que seguir.

No dudes en dejar tu pésame o tus palabras de aliento comentando justo debajo de estas últimas líneas.
Próximamente, la sexta emisión del prestigiosísimo, “Lea que lindo, señora”, la sección dedicada a los relatos cortos de todos los lectores y amigos. Está de más decirte que podés participar enviando tus creaciones a mi buzón de correo: ergodigital@hotmail.com