martes, febrero 15, 2005

Ergo Jones en busca de las ideas perdidas

Blanco más blanco, igual, Negro. Claro, todo negro. Negro nada. Mis ojos frente a la hoja en blanco, más la mente en blanco, igual negro. Negro nada.
Quien sabe cuando ni donde, la cuestión es que alguien me dijo en ese cuando y donde indeterminado: “Ergo, si todo lo que se te ocurre es nada, no existe algo mejor que una exploración mental en busca de la idea…” Hombros arriba, gestito de indiferencia, si no queda otra, ahí vamos.
Linterna en mano, casquito por las dudas y adentro. El cono de luz divisa cosas que ni siquiera sabía que estaban allí, jamás hubiese pensado que la entrada a mi mente iba a tener un cartel de “bienvenidos”. Lógicamente el interior es raro, como todo lo desconocido, me dije a mi mismo como primera reflexión. Traspaso el portal de bienvenida y lo primero que observo es a mi ego acodado tristemente sobre una suerte de mostrador de recepción. Sin embargo, ni bien advierte mi presencia, algo se ilumina en él y la figura evoluciona favorablemente hacia una postura elegante que sonríe mirándome a los ojos. Sepa disculpar el señor, hemos tenido un desperfecto; le recomiendo que no pierda su linterna, la oscuridad es total. Pase usted, sea bienvenido a los confines mentales. Gracias, que amable, dije indiferente. La sonrisa tatuada en su cara se estiró aún más y permaneció inmóvil hasta que me perdí de vista.
La humilde luz que me precedía encontró un túnel que anunciaba: “Sabiduría Primaria”, pronto no tardé en desembocar en una sala repleta de conocimientos elementales (mi querido Watson), allí yacían al igual que cuadros colgados, mi nombre, cómo leer la hora en un reloj analógico, siempre tirar la cadena al finalizar el trámite, y un sin fin de etcéteras que ni vale la pena mencionar. Aburrido, di media vuelta sobre mi propio eje y frente a mí un túnel de boca ancha se hizo presente. “Miedos”, rezaba el rótulo. Obviamente ni atiné a dar un paso, completé la vuelta que había iniciado y, sorprendentemente junto al anterior, otro túnel quedó bajo mi cono de luz. “Sentimientos y Emociones (Sólo personal autorizado)”. Y sí, a pesar de la prohibición, me dispuse a empujar la puerta intuyendo que la misma estaría cerrada. Efectivamente la puerta no se movió milímetro alguno.
Continué mi camino hacia la izquierda ansioso de encontrar el túnel de las ideas. Sin ganas de perder tiempo (sobre todo sin ganas de hacerle perder tiempo a usted, estimado lector), pasé de largo, sin entrar, los siguientes túneles: “Fantasías de todo tipo”, “Secretos”, “Depósito de Recuerdos Humillantes” y cinco o seis túneles más, los cuales pasé a la carrera y no alcancé a leer sus respectivos rótulos. Finalmente, un complot de baldosas flojas (aliada fiel de la velocidad), logró derribarme y caí en el túnel de las ideas cuya entrada, a diferencia de las demás que había visto, se encontraba sobre el suelo. El vuelo fue corto y no tardé en ponerme de pie al aterrizar en aquella anhelada sala. Sin embargo, la mala suerte, que no da tregua, y olvidar el colocarle un casquito, hizo que mi humilde linternita crepase con la caída oscureciendo todo. Instintivamente giré una vez más sobre mi propio eje en busca de algún indicio de luz y antes de completar la vuelta, divisé un cartel que brillaba a lo lejos. Corrí hacia él repleto de esperanza. Pero pronto la esperanza se hizo añicos al descubrir que aquel cartel no era más que la salida.
Inmediatamente me vi nuevamente aquí sentado, frente a la hoja blanca, y blanco, más blanco, siguió dando igual a negro.



El intéprido Ergo Jones bajando a las profundidades de su mente.

Proximamente (coming soon), si los caprichosos planetas se alinean, daremos inicio a el "Top Eit", el ranking de los mejores 8 "Lea que lindo, señora". Vayan leyendo y pronto estarán votando al que les parezca el mejor texto breve de esta prestigiosa sección.

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