miércoles, marzo 24, 2004

Ergo vs Salusi: ¿No nos hemos visto antes?

En el capítulo anterior, Ergo y Salusi fueron obligados a interrumpir su conversación por la irrupción de dos malhechores, los cuales, en el afán de despojar a los clientes de sus pertenencias, apuntaban a los mismos con sus temibles armas de fuego.

Asustados por la horrible situación, nuestros dos amigos se tomaron de la mano mientras uno de los asaltantes se acercaba peligrosamente a su mesa.
Asaltante:- ¡Eh, usted!, el de la rosa.
Salusi:- ¿Quién, yo?, no, yo no.
Asaltante.:- ¿Entonces quién?
S:- ¿Qué le parece al señor de aquella mesa? (señalando a un tipo con aspecto de gordo bueno y honorable)
Increíblemente el asaltante obedeció sin dudar y se dirigió a aquella mesa propuesta por Ismael.
Ergo:- (susurrando) ¿Qué hace Isamel, esta loco?, mire si aquel buen hombre termina saliendo en carrera de embolsados hacia el cementerio... ¡Me extraña que actúe así!...
S:- (también susurrando) ¡Shhhh!, no levante el avispero amigo Ergo. ¿No se da cuenta?, he empleado una técnica oriental, antiquísima, de distracción psicológica para criminales aprobada por la Asociación Mundial en Criminalística Balística y Efemérides (A.M.C.B.E).
E:- (susurrando nuevamente para no ser oídos) el que sabe, sabe.
Dos mesas a la derecha estaba sentado el simpático hombre gordo, vestido de traje con un sobretodo colgado en el respaldo de la silla, fumando pipa como si nada estuviese sucediendo.
Asaltante.:- (apuntando con su arma) ¡Eh, usted!, el de la pipa. Poné toda la mosca en esta bolsa o no contás el cuento.
Hombre gordo:- (apenas levantando la mirada) “¡Cuánto es necesario desechar de sí para seguir siendo uno mismo!” Jean Rostand, biólogo y escritor francés, 1894-1977.
Asaltante:- (exaltado) ¡¿Ah, sí?! “Tratemos de no estropear el gusto de las palabras con las frases” Jean Rostand, biólogo y escritor francés, 1894-1977. Yo mastico vidrio pero no me lo trago, el franchute este fue amigo de mi viejo. Déme todo y no joda.
HG:- (sorprendido ante la respuesta del asaltante) “Habría que añadir dos derechos a lista de derechos del hombre: el derecho al desorden y el derecho a marcharse” Charles Baudelaire, escritor francés, 1821-1867.
Luego de esta arriesgada respuesta, el hombre gordo intentó levantarse pero el intrépido asaltante le dio vuelta la cara de un golpe, sentando al pobre hombre de nuevo en su silla.
HG:- (algo maltrecho) “El hombre es en el fondo un animal salvaje y terrible. Le conocemos solamente tal como ha sido domesticado y educado por lo que llamamos civilización. De ahí que nos alarmemos cuando alguna vez sale a la luz su verdadera naturaleza” Artur Schopenhauer, filósofo alemán, 1788-1860.
Finalmente el hombre gordo, resignado, entrega al asaltante su reloj pulsera y algo de efectivo.

Mientras tanto, en la mesa de nuestros paladines de la justicia...
E:- (mirando sospechosamente al otro asaltante que estaba amenazando al mozo) ¡Pst!, Salusi, ¿vió la credencial que lleva el chorro ese?, ¿no le hace acordar al florista de los mil productos?
S:- (mirando hacia el mismo lado) ¡Tiene razón!, es Lucas Tómbola, no lo había reconocido con ese atuendo, no pensé que usaría esa clase de medias, supuse que tenía algo de buen gusto. (Piensa un instante) Tenemos que hacer algo amigo Ergo, no podemos dejar que esa pobre alma cometa una locura y siga usando esas medias. ¿Qué se le ocurre?
E:- ¿Le compramos medias más finas?
S:- No se haga el sota, Ergo.
E:- Bueno, bueno, me pone en un aprieto pero mi idea es la siguiente: (piensa unos segundos y luego le susurra a Salusi al oído la idea salvadora)
S:- Perfecto, no esperaba menos de usted.
Con actitud intrépida, nuestros amigos se levantaron al unísono de la mesa y se dirigieron hacia el líder de los asaltantes, el ahora descubierto Lucas Tómbola.
Lucas Tómbola:- ¡Oiga amigo!, ¿Qué le parece si por el módico precio de un puñetazo en el mentón se sienta en su silla?
S:- Tranquilícese señor Lucas, no cometa una locura...
LT:- ¿Cómo dijo?, ¿quiere que le parta la mandarina en gajos?, ¿cómo sabe mi nombre?
S:- Esteee, yo sé todo... perdón, hablando en serio, lo delató su credencial.
Lucas se miró la credencial en su pecho y luego la arrancó violentamente. El malhechor había sido descubierto, desnudado, ahora su ira era tal que escupió a Salusi en su ojo derecho y le dijo:
LT:- Ahora la oferta es que tendré que matarlo...
En ese preciso, asqueroso y vertiginoso instante, donde la vida de Salusi podía correr el mismo destino que un rollo de papel higiénico, una voz ancha y abatida retumbó desde un rincón del bar. Era el hombre gordo...
HG:- “¿Qué es la vida? Un frenesí, ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.”, Pedro Calderón de la Barca, escritor español, 1600-1681.
LT:- (apuntando la metralleta de la muerte y girando la ruleta de la suerte en la frente del amigo Ismael) ¡Basta, lo mato!
El valiente Ismael, sin transpirar una sola gota de sudor, no desesperó ante la terrible situación. Con la frialdad que solo tienen los sabios, pensó rápidamente las palabras justas que le salvarían la vida.
S:- (con la mirada clavada en los desorbitados ojos de Tómbola) Usted no es un asesino, es un hombre, un licor divino. Que en la vida le han tocado desdichas desdichadas, que han dado en su rostro una fuerte cachetada. Piense amigo Lucas, antes de disparar, que si mata a un hombre su vida ha de manchar. Y no hay mal peor que vivir encerrado en una prisión oscura y de su sueños despojado. Piense bien, yo sé lo que le digo, que además de matar a un hombre, matará a un amigo.
LT:- (bajando el arma lentamente) Me he quedado sin palabras, nunca nadie, ni siquiera el engendro que tengo como cómplice, me ha llamado amigo. Tiene usted razón, no podría matarlo... pero de algún modo tenemos que resolver esto, yo necesito dinero para vivir.

La tensión parecía haber pasado, Ergo separó a Salusi a un costado y le dijo al oído:
E:- Ya es hora amigo, pongamos el plan en acción... conseguí las cartas.
Salusi asintió con la cabeza y se dirigió nuevamente hacia Lucas Tómbola.
S:- Creo que sé como resolver esto, le propongo algo pacífico, azaroso, pero no por eso menos novedoso. Si usted y su amigo se animan, se juegan, resolveremos esta bendita situación como argentinos que somos. Mi amigo Ergo ya preparó una mesa y tiene lista las cartas... sí, jugaremos nuestra suerte en una partida de truco. ¿Qué le parece?
LT:- (con cara de sorprendido) No sé, me parece algo absurdo... a fin de cuentas, acá, nosotros tenemos la sartén por el mango.
S:- (Con convicción) ¡Déjese de pavadas!, ¿quién se piensa que soy?, un huevo frito... mi idea es la siguiente: si usted gana, se lleva todo incluyendo las tortas de arándano que están celosamente guardadas en una bóveda oculta.
LT:- (algo interesado) ¿Y si pierdo?
S:- Se van por donde vinieron sin pena ni gloria y aquí no ha pasado nada. ¿Capiche?
LT:- Quiero... empecemos.
Sin más palabras que agregar, se sentaron en la mesa especialmente dispuesta para la ocasión, Ergo, Salusi, Lucas y su cómplice. Alrededor, el hombre gordo, el mozo con mala cara y el resto de los clientes, se agolpaban para obtener la mejor visión de lo que iba a ocurrir. Por su parte, el dueño del bar, hizo cerrar las puertas, sin dejar salir ni entrar a nadie para que no fuese perturbada la gran partida a quince puntos; luego ordenó servir a los gladiadores lo que quisiesen. Ergo y Salusi pidieron un fernet con coca, sus contrincantes, un whisky en las rocas. Bajaron las luces, Ergo mezcló con habilidad y repartió. Finalmente, el duelo había comenzado.

Esta historia culiminará el 31 de Marzo en la cuarta y última entrega. Para comunicarse con el amigo Ismael, no tienes más que tipear ismaelsalusi@yahoo.com.ar , o ismaelsalusi@hotmail.com Si lo que quieres es comunicarte con Ergo y registrarte en el “Cuaderno de Comunicaciones”, hazlo a ergodigital@hotmail.com