Me subo a la tarima especialmente dispuesta para la ocasión, aclaro mi garganta, y me dispongo a explayarme en mi discurso como orador oficial de esta particular ceremonia.
Amigos, hoy nos encontramos aquí reunidos... ¿les gustan las guirnaldas?, las guardo desde mi cumpleaños número cinco, ¿o dieciocho?, no recuerdo bien. Decía, nos encontramos aquí reunidos, cómodamente recostados sobre el pastito de mi jardín (no, no conseguí sillas), para hacer entrega del calamitoso galardón intitulado: Premio Bobera de la Turréz, cuyo ganador ha sido elegido, nada más ni nada menos que por ustedes, estimados lectores.
Ante tremendos candidatos, debemos reconocer que ha sido difícil la elección del afortunado de hoy, quién contará con, además del reconocimiento de un puñado de internautas, un lugarcito en las entrañas de la historia, tal vez, cerca del intestino grueso.
Parece burla, pero la función de este tipo de premios es “premiar (valga la redundancia) a las personas cuya labor hubiera sido sobresaliente a lo largo de su vida en alguno de los campos premiados.” (http://es.wikipedia.org/; Wikipedia, la enciclopedia libre.) Hoy el campo es la “Turrología”, la maldita ciencia que cuenta con tantos turros especialistas y que avanza día a día hacia la perfección. Las personas de labor sobresaliente, de lujo.
A modo de no hacer tan extensa la ceremonia, y dado que Georgie ya acabó con la quinta botella de bourbon, pasaré a lo importante. ¡Redoblantes!...
¡Estimados y dignísimos lectores!, estoy temblando, miro el sobre con el nombre del elegido y me dan más ganas de ir al baño… bueh, ¡The winner is…! Los redoblantes resuenan en el cielo... ¡el ganador es: Georgie! Así es, el señor Bush se lleva el galardón. Sin embargo no hay que desprestigiar a Tony que ha sabido hacerle partido ya que la elección entre ellos fue parejísima. Mr. Burns, siga participando, no pierda las esperanzas… igual, siempre lo vemos en casa.
Los marines a su lado saltando locos de contentos sin descuidar el objetivo, cubrir todos los ángulos posibles de algún ataque inesperado. Mientras, Tony hunde humillado la cabeza en el cantero de los malvones.
Estaba cantado señores, el tipo la sabe lunga en materia de Turrología, y no hay quién le gane. Dejo la medalla sobre el atril y me retiro antes de que suba a la tarima. Ustedes pueden quedarse si quieren, hay algunos canapés y fosforitos. Ah, y más tarde viene el mago, seguido luego por los cuatros fantásticos del humor, los payasos Gaby, Fofó, Miliki y Aznar.
Amigos, hoy nos encontramos aquí reunidos... ¿les gustan las guirnaldas?, las guardo desde mi cumpleaños número cinco, ¿o dieciocho?, no recuerdo bien. Decía, nos encontramos aquí reunidos, cómodamente recostados sobre el pastito de mi jardín (no, no conseguí sillas), para hacer entrega del calamitoso galardón intitulado: Premio Bobera de la Turréz, cuyo ganador ha sido elegido, nada más ni nada menos que por ustedes, estimados lectores.
Ante tremendos candidatos, debemos reconocer que ha sido difícil la elección del afortunado de hoy, quién contará con, además del reconocimiento de un puñado de internautas, un lugarcito en las entrañas de la historia, tal vez, cerca del intestino grueso.
Parece burla, pero la función de este tipo de premios es “premiar (valga la redundancia) a las personas cuya labor hubiera sido sobresaliente a lo largo de su vida en alguno de los campos premiados.” (http://es.wikipedia.org/; Wikipedia, la enciclopedia libre.) Hoy el campo es la “Turrología”, la maldita ciencia que cuenta con tantos turros especialistas y que avanza día a día hacia la perfección. Las personas de labor sobresaliente, de lujo.
A modo de no hacer tan extensa la ceremonia, y dado que Georgie ya acabó con la quinta botella de bourbon, pasaré a lo importante. ¡Redoblantes!...
¡Estimados y dignísimos lectores!, estoy temblando, miro el sobre con el nombre del elegido y me dan más ganas de ir al baño… bueh, ¡The winner is…! Los redoblantes resuenan en el cielo... ¡el ganador es: Georgie! Así es, el señor Bush se lleva el galardón. Sin embargo no hay que desprestigiar a Tony que ha sabido hacerle partido ya que la elección entre ellos fue parejísima. Mr. Burns, siga participando, no pierda las esperanzas… igual, siempre lo vemos en casa.
Los marines a su lado saltando locos de contentos sin descuidar el objetivo, cubrir todos los ángulos posibles de algún ataque inesperado. Mientras, Tony hunde humillado la cabeza en el cantero de los malvones.
Estaba cantado señores, el tipo la sabe lunga en materia de Turrología, y no hay quién le gane. Dejo la medalla sobre el atril y me retiro antes de que suba a la tarima. Ustedes pueden quedarse si quieren, hay algunos canapés y fosforitos. Ah, y más tarde viene el mago, seguido luego por los cuatros fantásticos del humor, los payasos Gaby, Fofó, Miliki y Aznar.
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