lunes, enero 19, 2004

Parece que alguien dejó el candado abierto y se fue casi toda Buenos Aires, emigrando como las aves, a rumbos marítimos (esto es una expresión de deseo más que una afirmación). Evidentemente no todos nos fuimos, muchos seguimos padeciendo "en esta puta ciudad", como bien decía el amigo Paez allá por los ochenta. Debo advertir que los que esten próximos a fugarse a la maravillosa costa atlántica o donde quiera que haya mar, vayan preparando sus achanchadas pieles, la acaudalada duquesa de la moda no permite bajo ningún punto de vista ir a la playa blanquito... ¡imaginen que papelón llegar a Las Toninas sin bronceado! (estoy siendo irónico por si no lo notaron). Por otra parte, gracias a la modernidad en la que vivimos, una parte de este problema tiene solución, sobre todo para aquellos que no gozan de poder dorarse finamente como un pollo en la terraza de sus casas, hablo del sol eléctrico de los solarium: digno bronceado glam de la nueva era. Pero como la moda dicta pero no ahorca, también están los distraídos que llegan a Las Toninas más que blancos, blancos "Ala", que al percatarse de la existente diferencia de tonos, se rostizan el primer día al sol sin tapujos convirtiendo la playa, al día siguiente, en un gran tablero de damas... en fin, mi política ante todo esto es: basta de milanesa en la playa, sí al acid jazz, daiquiri (o cindor para los más chicos) y bronceado cashual. Comentarios de verano a ergodigital@hotmail.com