sábado, diciembre 15, 2007

La única opción contra el cuelgue no es Ctrl - Alt - Supr

Colgué mi cabeza como un cuadro y Carachata, Blanquito y Dorado eran mis espectadores. Ellos son peces y nada entienden de cuadros y de arte. Pero su ignorancia o su falta de cultura plástica, no se notó: mi cabeza estaba colgada como un cuadro, pero no era una obra de arte.

Me detuve a mirarlos. Los contemplé por largo rato y recordé la vez que llegué a la casa de mi amigo Ismael Salusi, filósofo del flan y la gelatina sin sabor. Era una tarde y faltaban pocos días para el verano. Lo encontré sumergiendo la cabeza en una pecera; igualita a la de Carachata, Blanquito y Dorado.

— ¿Qué hace?, Ismael —pregunté, y me senté frente a la pecera. Salusi, que ya tenía el cuello bajo el agua, guiñó el ojo izquierdo.
— ¿Es un nuevo método contra la elevada temperatura que nos brinda este maravilloso calentamiento global? —arriesgué.
— Nada de eso — dijo Salusi y una docena de burbujas se escaparon de su boca; tuve que esforzarme para entender cada palabra. Cerró con fuerza los párpados y, cuando los abrió, agregó —. Este es el modo en que nacen las mejores ideas. Espere unos minutos y se dará cuenta de lo que le hablo.

Esperé. Fueron un poco menos de diez minutos. Cuando comenzaba a preocuparme por mi amigo (nadie puede aguantar tanto sin respirar), noté que pequeñas burbujas naranjas salían de sus orejas, atravesaban el agua y quedaban flotando en el aire a pocos centímetros de la pecera. Salusi levantó la cabeza con un movimiento rápido y tomó una gran bocanada de aire. Se acomodó distraídamente el pelo y nos miramos fijo unos segundos. Entre nosotros, las burbujas naranjas seguían flotando inmóviles. Salusi buscó en el bolsillo izquierdo del pantalón y en su mano apareció una bolsita de red. Capturó sin esfuerzo una a una las burbujas, hizo un gesto con la cabeza a modo de despedida y se perdió tras una puerta, hacia alguna parte de la casa. Nunca supe de qué se trataban esas ideas, pero debieron ser muy importantes: Salusi volvió a salir a la calle después de nueve días de encierro creador. Carachata, Blanquito y Dorado navegaban dentro de su pequeño mundo. Tuve la intención, pero no quise molestarlos. Sumergir mi cabeza en su pecera les hubiera causado un enorme trastorno.


Así Salusi se veía a través de una de las burbujas naranjas.

4 comentarios:

Lady cp dijo...

Aún si hubiese querido, señor Ergo, su cabeza no entraría en su pecera ni en ninguna otra, se lo aseguro.
Pero tenga cuidado que la ciencia está muy loca y con tanto marote y tanta idea no vaya a ser que las burbujas naranjas empiecen a saliserle por otros huecos.
Dios no lo permita.
Lady cp
cornopeludo.blogspot.com

GatoVioleta dijo...

Pero don Ergo que bueno tener nuevamente noticias suyas, no sabe como se lo extraña!!!

Muy interesante es el método de don Ismael, pero el suyo cuál es? Cuéntenos a sus ansiosos lectores cuál es el gran secreto que oculta....

Desde estos pagos le envío un afectuoso saludo, sabrá que espero con ansiedad nuevas y más asiduas publicaciones.

Gris dijo...

Increible, ya mismo salgo a comprar una pecera!

La única duda que me queda es, ¿serán todas nuestras ideas color naranja? tal vez las malas ideas tengan otro color..quien sabe...para mí, una idea macabra tendría que ser color azul noche,una idea tonta amarilla, étc. étc. étc.

Sam dijo...

Querido Ergo
Hace cuánto no me pasaba por acá. La última vez leí esta misma publicación y no me atreví a comentar... sus relatos son brillantes y me siento chico hablando de ellos.
Hoy me siento en condiciones de decirle que lo admiro y que extraño sus obras, aquellas que vuelan en imaginación y me atrapan cada vez que las contemplo..
un abrazo muy grande