jueves, febrero 12, 2004

Mi vista pronto cae en una nebulosa, su presencia se hace sentir, pronto a saltar y finalmente me caza el ensueño; ahora me encuentro en algún otro lugar. Bajo mi cabeza lento y diviso mis pies sobre un piso aún no definido, como una frágil membrana que se hunde con cada paso que doy. El horizonte también parece difuso. A escasos pasos una rayuela: “Tierra”; primer paso (con un solo pie)... ¡uno!, con entusiasmo me digo a mí mismo en el preciso instante en que comienzo a viajar, y Julito, maneja. ¡Cuidado!, cada vez son más, me surgen de la boca, revienta la casa de conejitos, conejitos blancos conejitos negros, la casa que le cuido a Andrée, en la calle Suipacha... ¡dos!, la tipa es tan linda pero tan mortal que dan ganas de matarla; ay Delia, si al menos tus bombones fueran normales... ¡tres!, entro en duda, ¿sigo con un solo pie?, tiemblo, mantengo el equilibrio o me paso la noche boca arriba entre mi moto y una huida desesperada, a pie, por una selva densa y hostil... ¡cuatro!, ahora tengo que saltar y caer con los dos pies juntos, es fácil; gracias Cora, gracias por arroparme y cuidarme, gracias por inyectarme la peor medicina: el amor imposible... ¡cinco!, ¿dónde está la piedra?, creo que olvidé tirarla. Qué importa la piedra, sigo paso a paso, no me queda otra, parar ahora sería estancarme como en la autopista del sur, ¿habrá alguien más en esta rayuela?, seguro que sí... ¡seis!, salto firme pero con cautela, dicen que hay bestias peligrosas más allá de estas líneas, en la adultez, en lugares prohibidos para espíritus infantiles... ¡siete!, veo a la solterona de Irene y a su hermano ingresar en el infinito espiral de la paranoia, supuestas presencias toman su casa, tal vez yo sea una de ellas... ¡ocho!, falta poco, estoy cerca, veo nítidamente las puertas del cielo... ¡nueve!, ¿escuchan desde ahí?, son las desgarradas notas de un saxo alto, frágiles notas que expulsa Johny desde la miseria de sus pensamientos, desde su tóxica depresión... ¡”Cielo”!, final del juego señores, ¿o final de los juegos?, porque cada yeite de julito es un juego, y entrar en cada juego se siente como caer en una suave red tejida con paciencia, que nos envuelve tibiamente, red de suaves demonios y ásperos finales.
Homenaje a Julio Cortázar, por si no lo notaron, esa es la idea de esta extraña rayuela que he jugado, aunque nunca haya leído la novela homónima, una de mis tantas cosas pendientes. Como muchos sabrán este homenaje es porque hoy se cumplen 20 años de su muerte, y he decidido hacerlo humildemente como devolución a lo maravilloso que me han resultado sus textos. Solo por esa razón, sin otras connotaciones; y aclaro esto porque he leído por ahí que muchos se quejan de que a Cortázar se lo ha idolatrado demasiado, yo no lo creo así, es más, no entiendo por qué se lo considera de esta manera... y bueno, cosa de los críticos: altos literatos en pedestales de mármol.
Por último, no se olviden que el recién estrenado “Cuaderno de Comunicaciones” queda abierto, manden lo que quieran, lo que sea a: ergodigital@hotmail.com