lunes, agosto 22, 2005

Ceci n’ est pas un texte

Hablemos de obviedades: estás comenzando a leer éstas mismas líneas en este preciso instante. Agradezco tu intención, si llegaste a contemplar estas primeras líneas es que realmente tenés muy buena voluntad porque no sé qué decirte. Antes de escribir las anteriores… a ver… cuarenta y dos palabras, sentado en mi sillón tomando unos amargos pensaba qué decirte, y no se me ocurrió nada, como dije ya una vez: blanco más blanco igual negro, negro nada; en esa situación tomé el teclado y escribí.
Disculpáme tanta siceridad, si te estoy haciendo perder tiempo podés dejar de leer ahora mismo y volver a hacer eso tan importante que dejaste de lado al transitar estos nueve renglones. Sin embargo, seguramente ya pispeaste hacia abajo y observaste que el texto no termina acá, después de este punto y coma; tenés algo de razón, hay algo más. Ahora bien, lo que ves en este instante en que tecleo ins-ta-n-te, no tengo ni la más mínima idea de lo que puede llegar a significar. Como hablamos de obviedades puedo decir que son varias palabras juntas, pero sin que se me ocurra algo, dudo que tengan sentido alguno. De todos modos confiemos en la suerte y que el carro se heche a andar. Repito, si querés dejar ahora mismo de leer, tenés absoluta libertad. Te doy tres puntos para que lo pienses…

¿Seguís acá?, ¡que suerte!, aún no tengo mucho que decirte, pero hay algo que vino a mi mente mientras transitabas el renglón de arriba. ¿Conocés a Magritte? Si no lo conocés te lo presento:
René Magritte, pintor belga nacido en Lessines en 1898. Fiel soldadito del surrealismo, tenía la facilidad de mostrarnos objetos comunes dentro de contextos bastante pocos familiares. Ahora sí que me consagré, al principio de este texto no sabía qué decirte, y mirá como son las cosas, acabo de decirte algo. Vamos a ver cómo sigue esto. Vuelvo a Magritte, él muere en 1967 y nos dejá casi huérfanos de realismo mágico, luego vamos a tener algunos padres substitutos con quien contentarnos; no obstante, nos deja una buena obra que podés conseguir revolviendo y metiendo la nariz en este abismo casi infinito que es Internet.
Particularmente me interesa mostrarte ahora uno de sus cuadros, creo el más famoso, mirálo:



“La traición de las imágenes”. René Magritte, 1928-1929, Óleo sobre lienzo.

¿Lindo título, no?, claro, Magritte interpela al espectador negando la existencia de lo que te encontrás observando, y te advierte antes de que lo creas: “Esto no es una pipa”. Gracias René, ahora que sí que no vemos un pipa sino algo disfrazado de pipa: una representación, no la pipa. ¿Se entiende?, si no, no importa, total no tengo idea sobre lo que minimamente intenté decirte. Ni siquiera estoy seguro de que hayas llegado a leer estás últimas líneas, es muy probable que hayas partido al final del primer párrafo (Ay, Ergo, ¡deberías haber sabido que esos tres puntos eran mucha ventaja!). En fin amigo lector, avisáme si te fuiste y si pensás que esto es un texto, mientras tanto pongo un punto final y espero.

¿Pensás que esto es un texto?, no seas remolón y respondé la siguiente encuesta haciendo clic aquí.

domingo, agosto 07, 2005

Ergo vs Alter-Ego, la definición. El final.

El episodio anterior culminó en un patético empate. Ergo y su Alter-Ego se batieron en dos rounds y empataron en cada uno. Hoy asistimos a la tercera parte y final de esta contienda, siga leyendo, zambúllase en el tercer round definitorio y conozca finalmente al ganador de este maravilloso duelo. Los dejo con los gladiadores.

Tercer Round: “Vertical sin pared”.

Nuevamente parados uno frente a otro en el centro del ring, nuestros gladiadores se disponían mentalmente a la más dura de todas las pruebas. Ergo levantaba sus cejas continuamente intentando cohibir a su contrincante. Su Alter-Ego movía la boca de un lado a otro con gran velocidad buscando el mismo fin.

La orden del árbitro llegó pronto. Al mismo tiempo, los gladiadores apoyaron sus manos en la lona levantando sus cuerpecitos, sosteniéndose únicamente con sus brazos: estamos ante la famosa “vertical sin pared”, que le dicen. Quien permanezca más tiempo en esta posición será el ganador y se retirará victorioso. Esta vez no habrá gong ni talán que los devuelva a sus rincones, es a todo o nada.
Los segundos fueron pasando y detrás de ellos lógicamente los minutos galoparon velozmente. Luego de casi media hora en esta situación, nuestros valientes gladiadores no aflojaban ni un músculo. Cerca de las tres horas de vertical sin interrupciones, el brazo derecho de Ergo comenzó a temblar frenéticamente, incontrolablemente, anunciando lo que parecía el fin de la contienda. Sin embargo, nuestro intrépido amigo supo controlar la situación comenzando a caminar con sus brazos a fin de mantener el equilibrio. Alter-Ego por su parte, con los ojos bien cerrados, clavado como una estaca en el medio del ring, permanecía inmóvil y muy concentrado. Las cabezas de ambos se tornaron rojas como toronjas.
No daba para más, con ya tres horas de round cumplidas, Ergo seguía caminando con su bracitos alrededor del ring, mientras el Alter-Ego no movía ni un pelo. La gravedad finalmente resolvió la situación. Repentinamente los codos del Alter-Ego fueron atraídos bruscamente hacia la lona y el ya cansado gladiador comenzó a derrumbarse. A pesar de sus desesperados intentos por controlar el equilibrio, sus piernas se abalanzaron por sobre su espalda. Ergo, que justo cumplía la vuelta número ciento cincuenta y tres, pronto tuvo sobre su cuerpo las piernas descontroladas de su contrincante. Inevitablemente, ambos cayeron sobre la lona en notable sincronía. Realmente es increíble amigos, pero una vez más debo decirles que todo terminó en otro problemático empate.

Con nuestros fatigados gladiadores desparramados sobre la lona sin entender lo ocurrido, las autoridades presentes de la ACCI deliberaban abrazados unos a otros, cual jugadores de fútbol americano, la manera más justa de finiquitar la contienda. Esto era inaudito, nadie jamás había empatado en los tres rounds.
Pasados los cuatro whiskys, dos medidas de vodka ruso, seis salchichitas de copetín y los dos helados de frambuesa y crema americana, las únicas dos autoridades presentes de la ACCI decidieron finalmente la mejor forma de acabar con el asunto.
El árbitro, juntó nuevamente a los protagonistas en el centro del ring y dijo:

Árbitro: Señores, la siguiente prueba definirá ya mismo quien será el ganador de esta contienda, y decidirá al portador de la llave maestra del rancho. Haremos lo siguiente, cada uno deberá interpretar al otro, es decir, comenzando por usted Alter-Ego, deberá ahora mismo ser Ergo por el lapso de tres minutos, luego su contrincante hará lo mismo y evaluaremos cuál será la interpretación más fiel.
Con estas últimas palabras, el rostro del Alter-Ego se desfiguró notablemente. Un silencio total inundó el lugar.

Alter-Ego: De ninguna manera, no puedo, es imposible. Si bien en definitiva este individuo es nada más que un reflejo mío, un clon imperfecto, jamás podré ser como él. Somos exactamente idénticos en casi todos los aspectos, sin embargo ser Ergo, aunque sea por escasos tres minutos, implicaría dejar de ser yo. Implicaría adquirir nuevamente ese costado mío que hoy Ergo representa, para ser uno solo nuevamente. En última instancia, dejar de ser un Alter-Ego.
Hasta acá llego amigos. Ergo, seguirás siendo lo que eras o lo que debas ser a partir de este momento. Yo estaré como siempre en las bambalinas de este rancho virtual complicándote o mejorándote la existencia. He dicho… una toalla por favor…

Luego de semejantes declaraciones, ante las miradas perdidas y las bocas bien abiertas de Ergo, el árbitro, los representantes de la ACCI, y el público que se dignó a concurrir; el Alter-Ego tiró la toalla y abandonó el ring.

Si más amigos, llegamos finalmente al fin de esta historia. Ergo y su Alter-Ego volverán a sus respectivas labores, y este rancho virtual quedará bajo el calor de sus manos originales. Aquellas manos que lo supieron construir, serán en definitiva, las mismas que lo sabrán destruir.
Gracias por la paciencia y espero verlos pronto cuando el amigo Ergo me convoque nuevamente en su ayuda a fin de relatar otro episodio que ocurra. No olviden dejar sus comentarios debajo de estos últimos renglones, o directamente en el buzón especialmente dispuesto para la ocasión ergodigital@hotmail.com

Los saluda, el Narrador Contratado.

lunes, agosto 01, 2005

Ergo vs Alter-Ego, la definición

En el capítulo anterior, Ergo decide en una actitud desesperada que la mejor forma de deshacerse de la intromisión de su Alter-Ego en este rancho virtual, es batirse a duelo.
He aquí la primer parte de la contienda de dos polos opuestos que decidirá quién llevará las riendas de aquí en más. Acomódese, aflójese el apretado cinturón, quítese los incómodos zapatos y disfrute. La primera parte del show va a comenzar.


En directo desde Buenos Aires para todo el mundo y en diferido para el asteroide B 612. Gentil y eficazmente organizado por la prestigiosa ACCI (Asociación de Contiendas para Cosas Importantes). Señora, señor, es un honor para mí, como Narrador Contratado, darles la bienvenida y presentarles este tragicómico duelo: ¡Ergo vs. Alter-Ego!

Haga lo que quiera, soborne al gorila disfrazado de tipo amable de la puerta, fíltrese por el sistema de cloacas, hágase pasar por personal de limpieza, personal trainer, Personal con factura fija o tarjeta más cien mensajes de textos gratis; pero pase y vea. En el brevísimo instante de tres renglones debajo, la contienda dará inicio. Y vaya uno a saber con que suerte correrán nuestros valientes gladiadores ante tan durísimas pruebas impuestas por el ente organizador.

¿Ve bien desde ahí?, ¿no?, haga correr a la persona de la butaca de adelante o córrase usted y no moleste. Los gladiadores ya están en las esquinas opuestas del ring aguardando expectantes, concentrados en la victoria, sacándose chispas incandescentes con la mirada, estirando y calentando cada músculo, vértebra y ligamento para no dar ventaja al oponente. Porque esto es un guerra, es casi una guerra amigos... y todo, pero todo, vale.
¡Repique de tambores!… ¡con vaya a saber cuantos quilos de peso, ninguna pelea ganada, ni perdida, ni empatada!... con ninguna pelea en su haber, definitivamente debutando sobre el cuadrilátero; portando unos pantaloncitos color café salpicado de lunares blancos de amplio diámetro, y luciendo una vinchita blanca antiflecos, antitranspiración, anticonceptiva, antibacterial y antiestamínica. ¡En este rincón!, el gran retador de esta noche, defendiendo la llave maestra del rancho que hoy habita… señoras, señores, amigos, amigas, nuestro camarada: ¡Ergo, bandada de pájaros, Kiiiiiiing! “APLAUSO”.
¡En el otro rincón!... rondando los setenta y tantos quilos, con alguna que otra pelea ganada dudosamente, ninguna empatada e incontables perdidas, arropado con un viejo joggin negro de elástico roto y vencido, calzado con siniestras pantuflas bordó brilloso… el desafiante… señorasseñoresamigosamigas: ¡Alter, peluca atormentadora, Ego! “APLAUSO”.

Arbitro: Gladiadores duelistas, duelistas gladiadores, glalistas duediadores, como sea, por favor al centro del ring. Ustedes saben, ante el escaso personal de maestranza, quiero una pelea limpia y sin líquidos corporales. Apelo a vuestra buena educación para hacer de este evento un duelo digno de caballeros.
Choque de puños, codos, caderas y muñecas, y el inicio del duelo quedó sellado. A partir de la entrada de la muchacha con respectivo cartel indicador, que a pesar de que extrañamente tiene los ojos de papel es lo que menos le miran, seguido del típico campanazo, estaríamos listos para el… ¿y la campana?... ¡Talán talán!, ahora sí…

Primer Round: “Pulseada China”.

Enfurecidos como animales salvajes enfurecidos, Ergo y su Alter-Ego se dirigieron a gran velocidad hacia el centro del ring donde una mesita ratona y dos almohadones especialmente dispuestos para la ocasión aguardaban. Tomaron sus manos dejando sus poderosos pulgares hacia arriba y se miraron intensamente. A la orden de tres, como si se hubiesen despertado de un terrible hechizo petrificador de dedos que los mantenía sin vida propia, ambos dedos mayores se entrelazaron a gran velocidad, en una danza macabra, buscando el punto débil del otro.
La pelea fue realmente pareja durante el primer minuto. Sin embargo, cumplidos los casi tres minutos reglamentarios, el pulgar de Ergo logró ventaja luego de un necesario dislocamiento de la primer falange, que engañó a un atónito Alter-Ego que bajaba la guardia por unos segundos. Así Ergo pudo aprisionar a su contrincante, que vaya a saber gracias a que Dios, huyó de esa cárcel de piel, mugre y uña justo a tiempo, llegando al segundo número nueve. Finalmente el campanazo cerró el primer combate en un mísero empate.

Ambos volvieron a sus refugios. Ergo se mordía los labios de la bronca, el primer round casi había sido suyo, lo que le hubiese dado una ventaja muy favorable. El que pega primero, pega más fuerte, dijo alguien alguna vez y muchos le hicieron caso.
Por su parte, su Alter-Ego, mientras se vaciaba una botella de agua sobre la transpirada cabellera y fantaseaba con ser modelo de una publicidad de queso rayado, pensaba la mejor estrategia para el segundo encontronazo.

Segundo Round: “Carrera de caracoles terrestres”.

Cada uno eligió de unas cajitas especialmente dispuestas un hambriento molusco terrestre colocándolos luego sobre la línea de partida de dos canaletas que cruzaban el ring. A cada caracol le esperaba en la meta un sabroso potus, scindapsus o escindapso traído desde las lejanías de Banfield. El árbitro bajó la bandera a cuadros y ambos gladiadores dejaron libres a sus animalitos que en forma desesperada, aunque len-ta-men-te, comenzaron a correr hacia la línea final.
Mientras nuestros duelistas aturdían con gritos de aliento, cumplida ya la mitad del recorrido, el caracol del Alter-Ego descubrió al mirar a su costado, que la vida no sólo era correr por una hoja de potus, scindapsus o escindapso. Sino que allí mismo estaba la hembra que siempre veía en sus sueños. Allí correteaba lentamente la que sería madre de sus hijos, aquella hembra soñada con la que compartiría el pan hasta que la muerte los separe. Debido a que el cupido de los caracoles se hizo presente, el caracol de Ergo pronto sintió lo mismo. Sin más, ambas criaturas clavaron bruscamente los frenos y se miraron mutuamente, gustándose el uno al otro con cada mirada. Envueltos en un suspiro que sólo ellos entienden, nació el amor.
Ante el desconcierto instalado en nuestros gladiadores, la carrera fue interrumpida. Enredados en un torbellino de pasión, los enamorados moluscos no podían continuar corriendo y debieron ser retirados del ring por el personal de maestranza. Nuevamente, amigos, estábamos ante otro empate.

Disimulando la debilidad emocional producida por semejante historia de amor, Ergo y su Alter-Ego se ubicaron rápidamente en sus rincones a la espera del próximo y último round. Será el fin de esta historia, señores. Se decidirá, luego de dos mediocres empates, quién tiene el derecho de habitar este humilde, pero sentido, rancho virtual.

Hasta aquí, amigos, llega esta primera entrega de la contienda. Estaré citándolos nuevamente en 7 días para compartir el final de esta historia. ¿Quién ganará?, es difícil saberlo.
Me despido, por ahora, aclarando que si usted vive lejos, está invitado a alojarse en las inmediaciones. Contámos con exclusivos bungalows instalados sobre el barro con vista a un hermoso sauce llorón. Si prefiere la opción económica, podrá acomodarse sin problemas en la butaca.
No olvide dejar su autógrafo comentando al final de esta publicación o a ergodigital@hotmail.com


El Narrador Contratado.