martes, diciembre 28, 2004

Feliz, feliz en tu día

Fue una noche de ocio condimentada con una poca dosis de insomnio, deambulando por la red de redes, vi una pequeña parcela muy linda rodeada de verde limón, y me dije: “Ergo, aquí hay que levantar algo.” No, no era una parcela de mujeres precisamente. Así imaginé un rancho donde albergar mis limaduras que tanto espacio venían ocupando en mi cabezota. Me arremangué, y fratacho en mano, salió esto:

“En una noche como hoy, vísperas de navidad, comienzo mi aventura virtual. La quietud que reina en el ambiente me insita a pensar, pero el sueño me detiene. Ni siquiera tengo resto para leer, me voy a dormir con el gustito dulce de que brevemente estaré con ustedes... ¡Feliz navidad! (por si a alguien le interesa)” (24 de Diciembre del 2003)

Así fue amigos, el pasado 24 este rancho virtual ha cumplido 1 año ni más ni menos, y por supuesto, aún no ha dejado los pañales y patalea locamente si no le doy bolilla. Sin embargo, tiene suficiente edad para festejar. Seguí leyendo que la fiesta está por comenzar, pero dependerá de vos el éxito o fracaso de la misma, si no pretendés asumir esta responsabilidad, dejá de leer, andá al baño, meditá y volvé renovado. Caso contrario, si te sentís más seguro que Alcatraz, pasá, después de las plantas carnívoras está la entrada.

Como ya se ha dicho antes, “la entrada es gratis, la salida, vemos”: bienvenido.
¿Llegaste a esta altura de todo el texto?, que halago. Bueno, entonces estás adentro, has entrado a la fiesta del primer cumpleaños del rancho virtual, con estilo. No me digas que no te diste cuenta (dije que no me lo digas). Bien, presioná el botoncito de la imaginación (tu imaginación), vamos a necesitar un poquito de esfuerzo neuronal.
Mirá, a la derecha tenés la mesa dulce e inmediatamente la mesa salada, y si mirás detrás de ambas vas a encontrar las barras libres de lo que quieras tomar, junto con la pileta burbujeante repleta de ninfas aseándose, pegada a la mesa de las comidas exóticas (aunque lo más exótico es el mantel, una joya del siglo XIX adquirido en lo que hoy se conoce como el barrio de Once en Bs.As.) Acá hace su entrada tu imaginación, las mesas las completas vos, vos decidís qué comés en definitiva; y el aspecto de las ninfas dependerá de si te gustan o no las mujeres, y de tu capacidad de creación, yo las veo insoportablemente bellas.
Al extremo opuesto están los alegres y sorprendentes bufones haciendo malabares políticos: giran en el aire Bush, Aznar, Bin Laden, ¿ese es Menem?
¿Qué más?, la gente que llegó antes que vos a la fiesta, están todos dispersos por ahí, andá y hablá con alguien, hacéte amigo. Y no te pierdas a los famosos, esta fiesta cuenta con una galería de gente con fama que se esconden de los paparasis y de la humildad. Nuevamente asistimos a un hecho histórico: nuestro fotógrafo especialmente dispuesto para la ocasión ha podido fotografiar a Mick Jagger abrazando a Palito Ortega, es su segunda foto después de varios años en que no se veían, esta fiesta une a todos, estoy tan contento que creo que me voy a servir un plato de caracoles con alcachofas fileteadas y me voy a sentar a admirar la fiesta. Te dejo libre, dale, andá, agrandá la fantasía, poné más fuerte la música… ¡y a ver alguien que le diga al mozo con mala cara que se suba los pantalones y se ponga a trabajar!

En fin amigos, un año más, un año más viejo. Así como dicen que Jesús vino al mundo, de la misma manera planté, y en el mismo día, el primer ladrillo profundo de este rancho: desnudo. Sí, desnudo porque es más cómodo. En Tartaria, las construcciones tienen una mayora calidad de estructura debido a que los albañiles se acostumbraron a trabajar desnudos. (¡Bueno, pará la imaginación, eso era para el párrafo anterior!). Gracias a todos por asistir, no se pierdan de vista.

¿Querés contar lo que imaginaste?, dejá tu comentario ni bien termines de leer. También podés pedir pastillas para el malestar estomacal por imaginar tanto alcohol a ergodigital@hotmail.com
Advertencia: Las ninfas no superan el límite de la imaginación. Cualquier intento de llevarlas a la realidad puede desembocar en una frustración.

lunes, diciembre 20, 2004

Lea que lindo, señora. Nro. 7

El amigo Nicolás Latella, hoy se anima nuevamente a dejarnos sus palabras. Por si nadie lo recuerda, el mismo que viste y calza cortó la cinta para inaugurar la primera emisión de esta prestigiosa sección. Lo podés ver en el primer Lea que lindo, señora.
Ahora nos deja entrever que detrás de las miradas hay mucho más que lo que encontrás delante, el poder de los ojos en los ojos es inclaudicable. Y dale, qué esperás, mirálo.

Miráme
Salimos juntos por las calles rosas y nos metimos en el medio del ambiente fogoso. Me mirabas, me decías, pero no me hablabas. Los dos sabíamos que no faltaba mucho. Los dos sabíamos que algo pasaba. Los dos nos dimos cuenta que vos eras más que una simple espía y yo era más que un simple espiado. Éramos dos personitas jugando a ser superhéroes. Y así se fue dando todo y como todo se va dando me hace pensar que ya no da para más y tenemos que dejar de espiarnos. Pero hagamos un trato, yo no digo nada y vos tampoco.


Nicolás Latella
nlatella@hotmail.com


Decíle algo al amigo Nicolás, dejá tu impresión y tu sabiduría justo debajo de todas estas líneas.

¿Cómo hago para estar en la vitrina de Lea que lindo, señora? Fácil, sólo tenés que mandar aquel texto de espíritu y cuerpo breve que tengas perdido entre tus cosas a ergodigital@hotmail.com Así sin más, quedarás detrás del cristal y todos podrán leer y comentar eso que pensaste y transformaste en discurso.

Me despido alegre, la vez que viene, estaremos de fiesta. Espero que todos asistan, pronto legarán las invitaciones.

lunes, diciembre 13, 2004

Lea que lindo, señora. Nro 6

Amigos, nuevamente se abre el telón de la sección dedicada a los textos breves, pero no por eso menos emotivos, de los visitantes de este rancho. Hoy, mi amiga Lucy in the Sky, nos deja su epopeya vivída en una pensión de esta ciudad que nos devora sin masticar. Los dejo con los actores de este...

Teatro Mágico. No se permite la entrada a todo el mundo.

Si alguien leyó “El Lobo Estepario” de Herman Hesse, sabrá de lo que estoy hablando. Quiero aclarar de antemano que no lo terminé de leer, por lo tanto como en las películas, no quiero que nadie me diga como termina.
Los invito a formalmente a que se sitúen en un episodio que viví hace unos días, no importa la fecha exacta, lo que importa es con quien. Cocina de pensión porteña, mediodía, aguardando al costado de la hornalla que no se me pegue el arroz, estaba yo. Ella, Mary July, picando cebolla con la delicadeza con la que se le pueden cortar las uñas a un recién nacido, uniformada en sus sandalitas de casi 7 cm de alto, su pollerita de secretaria negra y su remerita roja escotada que invitaba a cualquier hombre a mirar un poco más. Yo, con mi pantalón de verdulería, mis pantuflas floreadas de abuela, la cara de recién me levanto y mi pelo de no me peiné y tampoco pienso hacerlo. Marina, en situación bastante similar a la mía, pero con el pelo húmedo. Comentario va, comentario viene sobre el libro entre ella y yo. La frase desencadenante fue: Qué repulsión y a la vez reconocimiento tengo en lo que el protagonista llama “vida de burgueses: vida llena de moralidad y salud, de levantarse temprano, de cumplimiento de obligaciones, de fiestas familiares moderadamente alegres, de ir a misa los domingos y de acostarse pronto”; yo agregaría nunca un vaso de alcohol de más, siempre 2 litros y medio de agua mineral Villavicencio por día recorriendo sus venas, 100% de oxígeno en los pulmones y jamás una notita en el cuaderno de comunicaciones donde la señorita dice “su hijo se dispersa en clase”. No terminé de parafrasear el libro que Mary July me mira cual buen cristiano mira a un hereje y a la vez sonriendo tímidamente y diciendo: “¡Ay! Yo soy así”. Estupefacta, así me quedé. Pero yo no quiero decir que está mal, hasta sé que conservo mucho de eso en mi cabeza y revoluciona la maraña de neuronas que me queda. Sólo quería comentar el libro con Marina. Apelé inmediatamente a mis recursos orales con el objetivo de argumentar mi postura. Puse en juego todas las habilidades gestuales habidas y por haber. Resultado: mi arroz pegado en la olla y Mary July contándome cómo fue que se salvó de quedar en estado vegetativo de por vida.


Aquí concluye entonces esta nueva emisión de "Lea que lindo, señora"; el rincón donde todos pueden entrar. Incluso vos, sí, vos que estás leyendo esto, podés colocar tus palabras en una botella y tirarlo al mar de la red. Aseguráte que llegue hasta las costas de ergodigital@hotmail.com y tenés tu lugar asegurado para que todos lean lo que escribiste.
Por último, ¿comentarios sobre lo que acabás de leer?, justo aquí debajo podés dejar tu opinión, o directamente hacia el autor escribiéndole un e-mail.

lunes, diciembre 06, 2004

Ausencia justificada y bienvenida a nuevos lectores

Estuve desaparecido, por si algún alma perspicaz lo notó al sentir la ausencia en su casilla de correo del clásico e-mail metiche: “Gente linda y soñadora”, esa suerte de chicharra que anuncia una nueva publicación en este rancho virtual intitulado Ergo-Digital; y por la que muchos habrán llegado hasta aquí, si el Cartero Contratado cumplió con su misión.
Haya ocurrido esto, o no, siento que debo una explicación a usted, amigo/a lector, y a su vez, a usted amigo/a que has cruzado por primera vez la puerta de este rancho, y no entendés muy bien qué es esto. Si es así, no seas tímido/a, pasá, vení, seguí leyendo, podés dejar tus cosas en el perchero.

Paso a contar, uno nunca termina de acostumbrarse a las malas rachas, esas fuertes ráfagas de mala suerte que te escupen arena en los ojos y te complican el andar.
Ocurre que esta vez, la mala racha, además de la arena, me aplicó una certera bofetada con su gran mano repleta de microchips y hardware defectuoso, noqueando a cualquier ser mortal que tenga algo de sangre humana en las mejillas. Así fue entonces como aterricé en la triste realidad y tuve que asistir imprevistamente al funeral de un gran compañero de ruta: mi disco rígido, el cual, siguiendo con las metáforas oscuras…quedó más rígido que nunca el pobre. “Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío… la la la la la, la la la la”, cantaba Alberto tan cortésmente.
¡Pero que rabia da, cuando el amigo se lleva consigo un número importante de archivos y artificios, que ciegamente había dejado en su fiel custodia bajo siete llaves de algoritmos! Ay, Ergo. ¿Por qué no te avivaste antes hermano?
Todo fue muy repentino. Ni bien me dispuse, luego de una hora de inactividad, a ingresar en la catapulta que me arrojase nuevamente en la red, algo había cambiado: todo estaba triste y sombrío, un viento helado soplaba. Ante mis ojos, mi máquina parecía agonizar jadeando un terrorífico… “El sistema no encuentra ningún dispositivo. Presione cualquier tecla para intentar nuevamente”… el rastro del guadañazo final.
Aquel amigo que me brindaba 8 gigas de cajones para guardar mis chucherías, se desangraba para irse pronto a los sueños eternos y la colinas del gris edén de silicio. Ninguna tecla sería capaz del milagro.
Intenté todo, resucitación con CD ROM, puntapiés con borcegos directos al CPU, gritos desaforados pataleando efusivamente, rociarla con alcohol y amenazarla con un fósforo, etc. Nada surtió efecto, el juego estaba empezado y me había tocado la peor mano.
Conté hasta diez, fui al baño (esto siempre me sucede cuando los nervios dominan mi cuerpo), y luego desemboqué en la conclusión de que me hacía falta un amigo nuevo, lejos estaba creer en el milagro de la tecnología y resucitarlo. Nada consolaba la tristeza de que mis pobres archivos nacidos en cautiverio, tan pichoncitos ellos, jamás pudieron ver la luz de una jaula más segura. Que mundo tan cruel. Por suerte hoy tengo un amigo nuevo… pero esta vez, estoy menos confiado y me compré varias jaulas digitales. Algo aprendí de todo esto. Ahora… hay que seguir.

No dudes en dejar tu pésame o tus palabras de aliento comentando justo debajo de estas últimas líneas.
Próximamente, la sexta emisión del prestigiosísimo, “Lea que lindo, señora”, la sección dedicada a los relatos cortos de todos los lectores y amigos. Está de más decirte que podés participar enviando tus creaciones a mi buzón de correo: ergodigital@hotmail.com