Esta es una nueva emisión de esta sección dedicada a los relatos breves. Hoy, mi amiga Amalia Gieschen, entra a este rancho virtual y nos mete en la piel de una rubia que habita el estrambótico reino de la bohemia moderna. Acomódese y lea.
Una rubia
La rubia no come cerezas como Penélope Cruz, ni cruza las piernas a lo Sharon Stone. Sin embargo, pareciera que se moviera sin pudor, con una provocación particular, que esa gotita de aceite deshilachándose en su comisura o que esa leve inclinación de su torso fueran las instantáneas que hubiera plasmado el pincel de Goya si a este pintor no se le hubiese ocurrido nacer en el siglo XIX. Los comensales siguen sus cadencias mientras se atragantan con un pepino o beben de un sopetón medio litro de cerveza negra. Algunos más disimulados; pero otros –la mayoría- ya se la han llevado a las Filipinas para gozar una intensa luna de miel.
Por el contrario, las damas carraspean, aprietan sus pobres pechos o incursionan en carcajadas verdaderamente estrambóticas y miran hacia todos lados menos hacia donde todos miran. El ambiente del lobby se ha vuelto histriónico, y la rubia parece convivir con ello en total armonía. Después de devorar len-ta-men-te su comida, se levanta, balancea su largo pelo dorado y se va, tal como llegó. Esta noche su espectro revivirá acompasado en más de un sueño viril y continuará compitiendo con más de una mujer real.
No te olvides que vos también podés incluir tus líneas. Sólo tenés que mandar a ergodigital@hotmail.com tu relato breve, y tus palabras quedarán impresas para la historia.

