Como Ergo pide perdón para no quedarse sin su parcela en el cielo
Padre, confieso que… he pecado. Te oigo hijo, me contestó con esa calma pontificia característica de gente con espíritu puro. La red, como toda red, es ambigua y traicionera, te puede proteger (de una caída por ejemplo) tanto como te puede atrapar, usted lo sabe Padre. Lo sé hijo, pero no temas, continúa… ¿en qué has pecado?, me respondió. Espere, no se apure. El problema Padre, es que mi pecado no es uno solo, son varios. Si bien no alcanzaba a verlo, sentí como el Padre comenzaba a incomodarse ante mis palabras impuras que lo hacían persignarse varias veces seguidas, frenéticamente. A pesar de mi vergüenza, debía seguir con mi confesión… podía sentir el peso de los ojos de Dios insoportablemente posados sobre mis espaldas. Comencé mi relato sobre cómo llegué a pecar teniendo mucho tacto en mis palabras: resulta, Padre, que nunca pensé que Internet me llevase por caminos tan heréticos, ¿habré sido engañado? El caso es que todo comenzó cuando mi tía sexagenaria, la tía Pepa, que tenía tiempo sin verme, vino orgullosa y radiante a visitarme con la noticia de que se le había cumplido el sueño de toda su vida. Acto seguido me dejó una dirección de Internet para que visite y se fue por donde vino, sin más que agregar. ¡Cómo no le iba a hacer caso!... ay Padre, si usted le hubiese visto la cara rejuvenecida (ojo, nada de cirugías tiene la Pepa), llena de energía y diez años menos como mínimo; hasta con un aura angelical podría decirle… ¡estaba bárbara! (en el buen sentido Padre). Imagínese que ni lo dudé, cacé el mouse y entré… claro, ahora que lo pienso, debí darme cuenta que visitando “gorditas-calentonas.com”, la tía me estaba llevando por el mal camino. En fin, por lo que vi, se mantiene bien la tía, digo, mantiene todo en su lugar.
Sí, lo confieso Padre, y este es mi primer gran pecado… hice una pausa e imaginé el rostro desencajado del Padre que no me detuvo, ¡nada me detenía!, estaba más que dispuesto… sí, ¡vi pornografía por Internet!, pero juro que fue por una causa noble... luego, hubo otra pausa infinita como los cielos.
¿Continúo Padre?... ¡Ave María, Madre de Dios!, se escuchó del otro lado del confesionario junto con un sin fin más de murmullos celestiales… prosigue hijo, dijo finalmente. Respiré hondo y seguí adelante: lo que olvidé mencionarle antes, es que la tía además de darme la dirección de su página, me dejo instrucciones precisas de difundirla… no me quedaba otra Padre, es que yo la quiero a mi tía. Las instrucciones eran que lisa y llanamente mueva mis influencias (pobre tía, tal vez se pensó que yo era una especie de Guillote y ella una especie de ¿Samantha?), y lo hice: apenas pude desembarazarme del efecto que me causaron sus pecaminosas fotos y videos, abrí mi humilde programita de e-mails masivos e inyecté en la red la endiablada dirección adjuntando, lo que a mí me pareció, su mejor foto. En total, no recuerdo cuantos correos mandé, cientos, miles tal vez… sí Padre, ¡envié mails basura a todo el mundo!... Pepa agradecida, desde luego. Como el Padre, luego de esto no pronunció vocablo, decidí seguir… ¿qué podría ser peor?, si ya podía sentir el calor de las llamas del infierno incendiándome las venas, evaporando mi sangre.
Finalmente Padre, y espero que me comprenda, luego de promocionar a mi tía, apareció en mi Messenger mi gran amigo Ismael Salusi y... ¡abusé de él por largas horas!... ¡NO!, de Salusi no, ¿cómo se le ocurre?... del chat le hablo, abusé sin conciencia, estaba poseído, mis palabras no eran mis palabras, dije cosas que nunca se me hubiesen ocurrido, no fue tan malo. En todo caso luego puede preguntarle a Ismael si tiene dudas.
Así es Padre, no pude ni puedo dejar de pecar, por eso he venido hasta aquí… ¿eso es whisky Padre?... ¿cómo dice eso hijo?, me contestó indignado. El olor lo delata, el confesionario es chico, ¿vió?, y tengo buen olfato… ¿Qué me dice, Dios podrá perdonar mis pecados? Hubo un silencio sepulcral por unos segundos. Luego el Padre se aclaró la garganta y dijo: el Señor siempre perdona, pero para resarcirte debes rezar cincuenta Padre Nuestro, eliminar las cookies y todos los archivos temporales de tu máquina para que no queden rastros de tus pecados cometidos. Además, rociar con agua bendita (que el Padre Lorenzo vende en la puerta a 3 pesos el medio litro, una ganga) el disco rígido, y finalmente enviar un mail a todos tus contactos promocionando la última oferta de la iglesia: “si te casas embarazada te llevas la cuna, bien lijada, lustrada y adornada a elección, gratis”.
Terminé obedeciendo, ¿qué otra me quedaba?, si al fin y al cabo, todos somos y seremos corderos de Dios.
Esta suerte de confesión está dedicada a aquella o aquellas elegantes y “purísimas” mentes episcopales, que no tuvieron mejor idea que inventar que hacer ciertas cosas en Internet es pecado. Muchos sabrán cuáles son esos pecados de los que hablo ya que salieron en todos los medios, y como esto realmente me parece tal idiotez, no me dan ganas ni de gastar caracteres en mencionar el resto, tres de ellos ya los he nombrado en mi confesión y con eso basta para comprobar la imbecilidad de los llamados hombres de Dios.
Para terminar, me gustaría compartir con ustedes un fragmento de un ensayo de Bertrand Russel, publicado en 1971 en un libro, que compila material de este escritor inglés, llamado “Por qué no soy Cristiano”. Que resume en mi opinión la patética maquinaria de miedo en que se funda el cristianismo. Dice Russel: “El argumento cristiano usual es que el sufrimiento del mundo es una purificación del pecado, y, por lo tanto, una cosa buena. Este argumento es, claro está, sólo una racionalización del sadismo…” (B.R: pág. 39, Ed. Sudamericana)
Pero no todo está perdido amigos, enviar sus comentarios y opiniones, a ergodigital@hotmail.com y quedarse clavado en el “Cuaderno de Comunicaciones”, no es pecado. A propósito del cuaderno, seguí recibiendo en estos días, algunos comentarios sobre la publicación anterior respecto a las peripecias del otoño. Reproduzco textual las palabras que envió “El Cuervo”:
-del Cuaderno de Comunicaciones:
“......y sí don Ergo....el otoño es así ...los árboles cuando pasamos nos hacen sentir triunfadores y nos arrojan sus hojas amarillas y que pensemos que son pétalos de rosas...pero claro no tienen su perfume......y entonces se trasforman al llegar al suelo en un modesto colchón, para que pasemos silenciosos y no despertemos a esas baldosas atrevidas que siempre nos miran desde abajo y que nosotros caminamos sobre ellas con la frente alta y las ignoramos la mayoría de las veces...por eso ellas se vengan y cuando llueve esconden el líquido que ellas mismas trasforman y que luego nos escupen para arriba....yo calculo que al oír nuestro rosario de puteadas se deben reír bajito (tipo perro Patán)....también pienso que a esos lindos animalitos llamados perros, cuando caminan sobre ellas les deben hacer lo mismo...entonces ellos en venganza les dejan ‘un regalito’ sobre ellas, pero los árboles que están expectantes a lo que pasa, al ver pasar el animalito también lo saludan con una lluvia de hojas ....y sucede el ‘milagro’…por arte de magia el ‘regalito’ desaparece...pero he aquí que la inteligencia del hombre lo descubre.....y es así como perfeccionamos nuestro vocabulario con unas nuevas palabras que inventamos......¡¡¡otoño !!! Y la...p...que te p......”
Gracias Cuervo por tan atinados comentarios, parece que el Señor Otoño se ha vuelto más popular que Ronaldo.
Recibido: Ergo
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1 comentarios:
amigo aun no se que pasa.. llevas mucho sin postear...
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